Pasoslargos

Caminando y descubriendo nuestro pasado tirando de hilos llenos de colores


1955 – 7. Mis primeros logros

Mi madre, con su asma, se veía en dificultades para atender la casa, y mi padre contrató a una nueva mujer joven y fuerte, Sodía, para que la ayudara en esas labores y también conmigo, que ya empezaba a gatear y llegar a todos los sitios con mis manazas amenazantes.

La enfermedad a veces, le pesaba demasiado, cuando empeoraba y con cierta periodicidad iba a Madrid a su médico de siempre, con el que confiaba. Lo que, además, le daba la oportunidad de reencontrarse con sus familiares y amistades.

Llegó el verano, y con los calores, las siestas se hacían obligatorias, y si todo fluye medianamente bien, como ocurría en esa época, llegan los momentos para la relajación y el dejarse llevar, y fruto de uno de esos momentos, mis padres generaron otro hermano en torno al 3 de agosto de 1955.

El calor arreciaba, algunos días nos llevaba mi padre a la playa o íbamos en el trolebús, normalmente a Río Martín.

Mis hermanos me tutorizaban en el disfrute de la playa. En la foto se aprecia la fortaleza de mi hermano al sostener mi enorme peso, solo tenía 10 años. Mientras, mi hermana vigilante, se aseguraba de que no me volteara por los aires.

No existían las sombrillas, se hacían sombrajos con palos, telas o mantas como vemos por detrás, se utilizaban tanto para protegerse del sol como para cambiarse de ropa.

José Miguel, cuando su hermana se bañaba, hacía de las suyas, en esta instantánea yo no las tengo todas conmigo y me asusto un poco, mientras él no para de reír. Sodía, que nos acompañaba, observa en la cercanía, dejando hacer, pero estando al quite por si apareciera la hecatombe.

Sodía, evidentemente era una mujer de gran fortaleza; me amarraba con telas a su espalda. Esta técnica para tener controlados a los niños era muy común allí, les permitía moverse y realizar trabajos. Con mi alta densidad, era una verdadera hazaña y más en una playa llena de conchas que se clavan en la planta de los pies. Se me viene a la cabeza trabajar hoy en día así con mis 2 nietos más pequeños, Kira y Mario, que pesan lo suyo, y creo realmente que era un sacrificio enorme.

Su nombre: «Sodía«, podía ser una transcripción castellanizada de un nombre árabe muy común: Sa‘diya → Sadia → Sodia, que tendría un significado como «la feliz», «la afortunada», «la bendecida». De bendecido por el santo a bendecida, debimos de querernos mucho en esos días que ni recuerdo. No supe de ella realmente hasta que no me encontré con esta foto en mi adolescencia. Era una superviviente.

En este foto se aprecia a mi tía Luisa con 36 años, disfrutando con sus 2 chicas, Marisa y Paquita, y con Miguel Ángel en brazos, en un agradable baño en el río Manzanares.

Por lo que me han contado, ese verano, con 7 u 8 meses en un viaje en coche a Tánger, yendo mis padres a los toros, tuvimos un accidente, se atravesó un marroquí con un burro, el frenó y giró, pero no pudo evitar el incidente.

Como no existían los cinturones de seguridad, yo iba agarrado por los brazos de mi madre en el asiento de atrás. Con la fuerza del frenazo, me escurrí de sus brazos y estrellé mi cara contra el reloj grande que había en el salpicadero, rompiéndolo, y afectándome la nariz, el labio y la frente.

Cuando me cogieron se asustaron un montón, ya que sangraba mucho, supongo que me hartaría de llorar, rápidamente me llevaron a la casa de socorro, donde me atendieron con sumo cuidado.

Parece que me recuperé muy rápido y no me quedaron señales importantes. Yo no recuerdo nada de nada, el “mal recuerdo” lo guardaron todos durante toda la vida en sus pensamientos.​

Evidentemente, mi padre no quiso perderse el espectáculo y después de ser atendido, “me llevaron a los toros” en taxi, siguiendo el plan previsto. El coche, allí se quedó, más adelante lo arreglaron y lo pintaron de azul.

José Miguel volvió a estudiar, esta vez en la Academia Don José, que estaba en la esquina de la Plaza Primo frente a Telefónica. Esta vez iba aprobando algunas asignaturas.

Mi abuelo José cumplió 80 años el 19 de octubre en Chiclana de la Frontera. Vivía en un pequeño cuarto en una casa compartida con sus vecinos.

En la foto nuestro tío Roque, con 41 años, en aquella época siempre acompañando a su hermano menor.

El 2 de diciembre, en Colmenar Viejo, se casaría Victoria Gutiérrez Castro, prima de mi madre e hija de Damián Gutiérrez López, hermano de mi abuela, se casó en Colmenar Viejo. Lo hizo con Bernardo Pérez Peralta.

En esta foto me lleva mi madre en brazos, acaba de llegar desde Madrid en avión al aeropuerto de Sania Ramel de Tetuán. Un esfuerzo tremendo para ella, que además estaba embarazada.

No era su forma usual de trasladarse, algo debió de haber sucedido para precipitar este viaje, no se si sería la muerte del suegro de su hermana Luisa, o por la operación que tuvieron que hacerle a Miguel o por encontrarse ella peor, o tal vez para ir a la boda de su prima.

Como siempre, vestía de luto bastante riguroso, era una decisión tomada desde el año 36 con la muerte de su padre y de su hermano mayor al principio de esa cruel guerra que vivieron.

Mi padre ordenó un balance, que supuso una valoración total en 16 millones de pesetas. Tenía en el campo 30 pilas de corcho, 3 millones de kilos de carbón, traviesas para el ferrocarril y duelas para las bodegas de Jerez, más los camiones, furgonetas, el Land Rover y la fábrica de madera.

Un conocido suyo, N’Bar el Jedidi, le ofreció a mi padre 10 millones de pesetas por todo su negocio. Mi padre que estaba preparando un nuevo viaje a Madrid para pasar las navidades, optó por no dejar cerrado el trato. Negociaría a la vuelta del viaje.

Solicitó el permiso de circulación internacional para un Mercedes negro, con el que iría a Madrid.

El 22 de diciembre murió en el Pardo Francisco Rodríguez Pintado, padre del tío Paco y suegro de mi tía Luisa.

Había sido guarda de a caballo del Monte del Pardo, coincidiendo con algunos de mis tío-abuelos y con mi bisabuelo.

Tras la guerra le nombrarían alcalde de la localidad en 1941, ejerciendo ese cargo hasta 1948.

El viaje a Madrid se hizo, mi padre nos llevó a toda la familia al Pardo con su Mercedes matrícula ME8190. Allí pasarían 2 semanas hasta después de reyes.

Pasar unos días en el Pardo con la familia iluminaba el corazón de mi madre, con su barriga ya avanzada. Y más viendo a su hermano muy mejorado y sin infección.

Miguel se alegró de ver a su hermana luciendo su barriga. Se emocionó al recordar que en los últimos meses no creía que pudiera verla de nuevo.

Mi tío Miguel, que aún no tenía carnet, se fue con el coche al Monte de El Cristo, con Sagrario y todos sus sobrinos.

Sus hermanas, sus cuñados y su madre se asustaron, pero Miguel era como su padre y gran parte de nuestros familiares, un manitas y un aventurero.

Aquí está la prueba del delito.

Se le ve ya bastante recuperado.

Había sido un año muy duro para él, y estas «cosillas de chico «bromillas» le gustaban.

Bueno, eso y pescar, seguro que en esos días se fue a pescar bogas al Manzanares con José Miguel.

“Si en la distancia nos separamos, mayor es la dicha cuando al fin nos acercamos”.



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