Pasoslargos

Caminando y descubriendo nuestro pasado tirando de hilos llenos de colores


Ocurrió un 4 de Octubre (Cuaderno de efemérides)

En esta fecha, en un tiempo bien diferente y lejano, en el año 1591, se casaron mis decabuelos Mateo Serrano y Catalina Martín Vicente, en el pueblo de Fuencarral.

La boda se realizó en la Iglesia de San Miguel Arcángel de Fuencarral, asistirían Andrés Serrano y Elena, padres de Mateo (no he conseguido localizar aún hermanos), así como Juan Martín Gómez y Lucía Vicente, padres de Catalina, a los que acompañaban su hermana mayor Juana, y sus hermanos pequeños: Juan, Ana y Sebastián.

La vida en aquella época era bastante dura, la mayoría de nuestras familias de este pueblo, debían de vivir de la agricultura, la caza y los trabajos en el campo, dependían mucho de la meteorología y de los acontecimientos que pasaban: luchas, epidemias, enfermedades, … Nadie les ayudaba a sanar, utilizaban para ello el sentido común, la experiencia acumulada y la fortaleza de sus cuerpos.

Se sufrían las enfermedades y el hambre con resignación, y con fortaleza mental. Tenían economías de subsistencia, pero se debieron de adaptar bien a estas condiciones, por eso estamos aquí sus descendientes.

Los productos que conseguían, los consumían, cuando lo necesitaban los cambiaban con otros para cubrir otras necesidades, y en numerosas ocasiones con algún burro, mula o carro, los trasladaban a la carretera que conducía hacia la villa de Madrid y por la que pasaban los que transitaban hacia ella.

Aunque España no existía como País, en los territorios considerados dentro de la Corona de Castilla se mantenían las denominaciones de los reinos de Castilla, León, Galicia, Toledo, Sevilla, Córdoba, Jaén, Murcia y Granada (incorporado tras su conquista en 1492); en la parte de la Corona de Aragón, se conservaban los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y el Condado de Barcelona (que era parte del Principado de Cataluña); además se mantenía el Reino de Navarra, incorporado a la corona de Castilla en 1515, pero conservando sus fueros e instituciones propias; desde 1580 hasta 1640, el Reino de Portugal estuvo bajo dominio de los Habsburgo en lo que se conocía como Unión Ibérica.

La provincia de Madrid se consideraba dentro del Reino de Toledo.

La Monarquía Hispánica también incluía: Países Bajos (Flandes, Bruselas), Reinos italianos de Nápoles, Sicilia y Milán, las Colonias americanas: los Virreinatos de Nueva España y Perú y distintos territorios en África y Asia: Filipinas y algunos enclaves en el norte de África

Cada reino tenía sus propias Cortes, que debían ser convocadas por el rey para aprobar impuestos o leyes. No existía una administración centralizada: la monarquía era plural y descentralizada. El rey actuaba como monarca de cada reino por separado, no como “rey de España”.

En ellos reinaba Felipe II, que trasladó de hecho la capitalidad desde Toledo a la Villa de Madrid en 1961, trasladando la corte allí, lo que fue el primer pelotazo inmobiliario de la historia, ya que obligó a todos los que allí iban a comprarle los terrenos para construirse sus mansiones. Ello hizo crecer a todos los pueblos de su entorno, entre ellos Fuencarral, que encontraron allí un mercado enorme para sus productos.

De derecho no fue la capital hasta que se incluyó en la Constitución Republicana de 1931: «La capitalidad de la República se fija en Madrid». La Constitución de 1978, lo reafirma: «La capital del Estado es la villa de Madrid»

Poco antes de esta boda, tras el desastre de la Gran Armada en 1588 (130 barcos y unos 30.000 hombres entre soldados, marineros y tropas de desembarco) que envió el rey para invadir Inglaterra y derrocar a la reina Isabel I, el monarca necesitaba nuevos recursos para sostener sus campañas militares y el aparato imperial.

Por ello promovió una reorganización fiscal con la creación de un nuevo impuesto estable y de largo plazo llamado de los Millones, y para distribuir equitativamente el mismo, se elaboró el llamado Censo de los Millones (Después de la página 363 se puede ver la población por localidad de la provincia de Madrid).

Este impuesto afectaba a todos los vecinos, sin distinción de estamento: nobleza, clero y pueblo llano. Solo estaban exentos los franciscanos mendicantes que nada tenían. Incluyó a todos los vecinos: en el censo se denominaban pecheros (contribuyentes), hidalgos (nobleza) y clérigos (seculares y regulares). También establecían equivalencias entre algunos, por ejemplo, cada 10 frailes o monjas equivalían a un vecino. Se pretendía recaudar 8 millones de ducados en 6 años. Con este impuesto se gravaban productos de consumo básico y masivo como el vino, vinagre, aceite y la carne entre otros muchos.

En esos años, en nuestra península se utilizaba un sistema monetario con monedas de oro, plata y vellón, con múltiples unidades.

En cuanto a las monedas de oro, estaba el ducado, que tenía el mismo valor que 375 maravedís; el escudo, introducido en 1537 que equivalía a 16 reales de plata, o lo que es lo mismo 544 maravedís, más común en el comercio, había de 2 (doblón), 4 y 8 escudos.

Los «ducados» contenían en su composición 3,6 gramos de oro de 22 quilates, por lo que un ducado, solo por el valor de su oro tendría hoy un valor de 196 €, y por lo tanto los 8 millones a recaudar, tendrían un valor hoy en día, solo por este metal, de 1.568 millones de €.

En cuanto a las monedas de plata, el real, equivalente a 34 maravedís, también el real de a ocho (272 maravedís), llamado peso o duro; el medio real, los 2 reales y los 4 reales.

Como monedas de vellón (cobre y plata) encontramos el maravedí, que se utilizaba para expresar precios, salarios y equivalencias, la blanca (entre 0,5 y 1 maravedí), así como el cuarto y el ochavo, que se usaban a nivel popular. Sus valores en maravedís no eran constantes, fluctuaron a lo largo del tiempo.

Felipe II afrontó crisis fiscales y bancarrotas, lo que llevó a constantes devaluaciones y cambios en las monedas.

Según el censo de los Millones, en Fuencarral se contabilizaban 328 vecinos, de ellos había 318 pecheros, 7 hidalgos y 3 clérigos; con los datos que tengo recopilados a día de hoy puedo considerar que en ese momento la mayoría de los que allí vivían eran de las familias de nuestros ancestros.

En la Villa de Madrid, se estimaron 7.500 vecinos, y no se aplicaron estos impuesto, tampoco en las provincias vascas ni en Navarra, que conservaban fueros propios.

El impuesto acabó convirtiéndose en un impuesto permanente y afectó principalmente a las clases populares, principalmente los artesanos, campesinos y comerciantes.



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