Pasoslargos

Caminando y descubriendo nuestro pasado tirando de hilos llenos de colores


Un 18 de mayo …

Me llamo Carmen Merino Gutiérrez, nací un 18 de mayo de 1921, a las 10 de la mañana, en la casa de mis padres en la calle Virgen de Valverde, 61, en la villa de Fuencarral, cercana a Madrid, donde ellos vivían desde 1920, después de que mi padre volviera de hacer las milicias en Barcelona.

Memorias de Elena Montero, que aquí señala que nació a la 1 y media

Soy la tercera hija de Miguel Sebastián Merino Montero, nacido en Madrid, en la Plaza de la Cebada y de Paula Amalia Gutiérrez López, nacida en el Real Sitio de el Pardo.

Mi padre nació el 8 de mayo de 1897 por lo que cuando yo vine al mundo, acababa de cumplir los 24 años. Mi madre lo hizo el 10 de julio de 1893, y tenía 27. Mi hermano Manuel tenía 5 años y mi hermana Luisa, 2.

Todos mis abuelos y abuelas habían estado viviendo en el Pardo, a una distancia de una legua de la casa en que nací. Mi abuelo Manuel Merino Díaz no me conoció, había muerto en 1909, pero mi abuela Elena Montero del Hoyo tenía 50 años, Victoria López Marina tenía 55 y Damián Gutiérrez Barajas, 57, seguro que todos se dieron «un paseito» hacia Fuencarral esos días y se pusieron muy contentos al tenerme en sus brazos.

Fui bautizada en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Fuencarral, donde fueron bautizados y casados desde principios del siglo XVI casi todos los antepasados directos de mi bisabuelo Luis Montero Magano, y que han conformado a lo largo de los años una gran comunidad familiar.

Me contó mi padre que cuando nací, me inscribió en el registro municipal, ante el Juez Municipal, Don Ambrosio Agüí Prado, que tenía 65 años y lo habían bautizado en la misma pila bautismal que a mí.

Mi abuela Elena, que estaba cerca, escuchando, dijo que este hombre era de su familia, era primo tercero de su madre.

Firma de Miguel en la inscripción de su hija

Cuando fui más mayorcita, mi padre me enseñó emocionado un boletín llamado “El Eco de El Pardo”, que guardaba para mí y donde su buen amigo José Beato Guerra, farmacéutico de El Pardo, y hombre ilustrado, publicó una pequeña reseña cuando nací.

Mi niñez fue normal para aquel tiempo que había tan poco que tener.

Según mi madre, era una niña muy bonita, llamaba la atención y toda la gente me cogía en el tranvía. Los ojos los tenía azules y muy grandes, como mi padre, yo siempre he estado muy contenta con parecerme a él.

Recuerdo de vestirme mi madre y ponerme en el pelo, que lo tenía muy rubio, un lazo grande, a veces blanco, a veces rosa o azul.

Al colegio fui a parvulitos, tendría 2 o 3 años, con los vestidos oscuros y un refajo gordo si era invierno, y me ponía medias de canalé negras, que en el extremo tenían una cinta cosida por la mitad y en el corsé de cinta había unas presillas donde se metía la punta de la cinta y con las dos se hacía una lazada. Era el colegio de las monjas «Divina Pastora» de Fuencarral, el mismo al que iba mi hermana Luisa.

En el colegio era muy buena, pero si castigaban a mi hermana, la armaba, no me movía de la puerta, llorando con todas las ganas hasta que la soltaban, no sé por qué la castigaban, debía de dar mucha guerra, porque eran muchas veces.

Un 3 de marzo de 1923 nació en el Pardo mi prima María Soledad Montes, hija de mi tía Luisa Merino. Me dijo mi madre que al ser amamantada yo me quedaba embelesada mirándolas. Ella se convertiría en mi compañera de juegos los días que veníamos al Pardo.

Este mismo año, en mayo, mi hermano Manuel hizo la primera comunión y el 1 de octubre se casó mi tío Juan Francisco; mi madre me contaba que en todos estos acontecimientos nos relacionamos con nuestra familia, venían todos mis primos mayores y jugaban mucho con nosotras.

Luego nacería mi primo Luis, hijo de mi tío Juan Francisco, el 18 de agosto de 1924, al que siempre he querido como si fuera mi hermano.

En 1925 hubo 2 bodas, se casaron en el Pardo el 8 de enero mi tía Luisa Merino con Justo Montes, y el 5 de noviembre lo hicieron mi tío Damián Gutiérrez con Vicenta Castro.

El 22 de diciembre nacería mi prima Victoria, hija de mi tío Damián, a la que pusieron el nombre de mi abuela y de la que fue madrina mi madre, que nos dejó tenerla en brazos un ratito. Mas mayorcitas formamos un buen grupo de primos.

También recuerdo cuando en 1926, como iba a nacer mi hermano Miguel, mi madre fue a llevarme con mi abuela Victoria, que vivía en el Pardo, donde mi abuelo era guarda en el monte donde está la playa de Madrid, mi madre fue con mi hermana y conmigo desde Fuencarral andando; bueno, yo siempre he sido muy madrera, adoraba a mi madre, me dejó allí y se fue; mientras fue de día todo estaba muy bien, pero cuando llegó la noche empecé a llorar para desolación de mis abuelos, que siempre me han recordado ese episodio de mi vida”.

Mi hermano Miguel nació en 21 de diciembre de 1926 a las 6 de la mañana, en la misma casa que yo, en Fuencarral, aunque ese día no pude estar yo allí, ya que me habían dejado empaquetada en casa de mis abuelos. Para mí, cuando lo vi, fue una enorme alegría que me llenó de emoción, no quería otra cosa que pasarle el dedito por su mano y por su cara. Fue un maravilloso compañero con el que juguetear a hacer de hermana mayor y también de pequeña mamá. Esto me generó unos lazos de cariño hacia él que no desaparecieron nunca a lo largo de mi vida.

El 5 de junio de 1927 nació mi primo Francisco, hijo de mi tío Juan Damián y el 17 de diciembre nació Vicente, el primer hijo de mi tío Chano.

Con las monjitas estuve unos años, allí estudié la básica, compartíamos muchas horas con ellas, que nos enseñaban costura, punto de cruz y las labores que ellas creían útiles para cuando lleváramos nuestra casa y familia. Mientras cosíamos, alguien leía siempre algún libro. Sor Ángeles nos daba labores, yo la quería mucho, en cambio a Sor Leonor le tenía mucha rabia, nos daba temas técnicos, y era muy mosqueona, a veces, se le salía el moco y se lo toqueteaba con el dedo la muy cochina.

Mi padre tiene un oído especial para la música, sabe tocar varios instrumentos, y ha enseñado a tocar la trompeta y otros instrumentos a Manuel; ha montado una orquesta en el barrio, que toca en procesiones y fiestas.

Cuando se ponen a tocar la trompeta o la corneta en la casa, mi madre acaba regañándoles y les grita: «iros al campo, a lo alto del monte, a las ovejas no les molestará tanto mientras comen, cuando lleguéis, tocar todo lo que queráis».

La armónica era otro instrumento que les gustaba mucho a mi padre, ese sí le dejaba tocarlo en la casa.

El 17 de enero de 1929, nació mi primo José, hijo también de mi tío Juan Damián.

Hice mi primera comunión a finales de mayo en la Iglesia del colegio de las monjas, en la calle Divina Pastora. Mi padre estaba muy emocionado, era muy religioso y esos momentos él los vivía con mucha devoción.

Ese mismo año nació mi prima Amparo, hija de mi tío Juan Francisco, el 21 de agosto, y mi prima Carmen, hija de mi tío Chano.

Íbamos mucho al Pardo desde Fuencarral a ver a nuestros abuelos. Lo hacíamos andando, no había otra forma de hacerlo, a veces mi hermana y yo nos cansábamos, parábamos y nos sentábamos en el suelo. A veces aparecía un conejo cruzando el camino y empezábamos a correr tras él, normalmente desaparecía al instante. Era el momento en el que mi padre decía que tiráramos hacia adelante.

A veces, alguno de nuestros tíos nos llevaba de paseo por la rivera del Manzanares, ya fuera andando o en su caballo, nos encantaba, volvíamos revolucionadas.

En los años treinta nacieron más primos: Félix, el 6 de noviembre de 1930, Manuel, el 4 de abril de 1933 y Micaela, el 18 de noviembre de 1934, los 3 hijos de mi tío Juan Damián.

En el colegio estoy muy a gusto, aprendemos mucho, a mí me encantan los refranes y los dichos, las monjas se saben muchos, a mí me gusta aprendérmelos de memoria, así me acuerdo muy bien de lo que significan, además me río mucho con ellos, mi madre y mi padre también están todo el día recordándomelos, él se sabe muchos más que las monjitas. Dejo aquí algunos de los que más me gusta usar:

En boca cerrada no entran moscas.

A caballo regalado no le mires el dentado.

A mal tiempo, buena cara.

Dime de qué presumes y te diré de qué careces.

El que ríe el último, ríe mejor.

En casa del herrero, cuchillo de palo.

Más vale estar solo que mal acompañado.

Quien mucho abarca, poco aprieta.

Sarna con gusto no pica.

Unos tienen la fama y otros cardan la lana.

Ver la paja en el ojo Ajeno y no la viga en el propio.

Zapatero a tus zapatos.

Este año murió mi querida prima Soledad, el 13 de abril, acababa de cumplir 11 años, se la llevó una de las numerosas infecciones que llegaban y que arramblaban con los que la pillaban. Mayor pena no pude tener, aún no puedo comprender estas pérdidas de vida tan caprichosas y traicioneras.

A mi padre lo veo continuamente arreglando cosas de la casa, cada vez que mi madre protesta de lo vieja que está, él saca sus trastos y se pone a resolver los problemas que le señala mi madre, pone las tejas rotas, arregla una ventana o la puerta que se hincha o se descuelga, no para ni un minuto.

Ha tenido que hacer unos arreglos para el que tenía que comprar materiales que no tenía, como le costaban muchas perras y no tenía suficiente, decidió dejar de fumar para ahorrar, y así ha estado hasta conseguir los dineros que necesitaba. Ni corto ni perezoso, ya los compró y está terminando de hacer los arreglos que necesitaba el tejado. Tiene mucha fuerza de voluntad.

Es muy habilidoso, trabaja como chófer de un empresario del Jabón, tuvo que hacer un curso para aprender a conducir el coche que este se había comprado y aprendió a hacer hasta las piezas, él lo arregla cuando se estropea. A veces llega a casa lleno de grasa, pero contento por haber arreglado algo que le fallaba al coche.

El otro día, vinieron él y Manolo, los dos tenían las manos y los antebrazos llenos de grasa y mi madre les sacó en una cacerola con el agua de hervir las patatas, yo me quedé mirándolos y pregunté por qué usan agua sucia, y el me explico que el agua templada de las patatas contiene almidón y que sirve para eliminar la grasa. Es muy listo, sabe mucho de todo, claro, lee mucho.

A mi hermano Manuel, no solo le gusta la música, hace teatro. Está haciendo una obra en el colegio, él dice que lo hace muy bien.

El otro día fuimos con mi madre a verle actuar y habían montado un escenario muy bonito, él parecía otra persona, con otra voz y con palabras muy poéticas, recitaba el texto con voz muy fuerte, dice que para que se le escuchara.

Me gustó su representación. Los allí presentes le aplaudieron mucho cuando terminaron.

Le hicieron esta foto, que guapo con su traje, su pajarita y esas alpargatas blancas.

El 23 de abril de 1935 nació mi primo Luis Montes, hijo de mi tía Luisa y de Justo Montes.

He estado enferma, me encontré con mucha fiebre y debilidad, apenas me podía sostener de pie. Mis padres me llevaron al ambulatorio médico, cuando llegamos y a pesar de estar muy desmejorada, se acercaban los que allí estaban para verme y tenía que saludarles, algunos me decían piropos, pero yo me sentía aturdida.

Me ha dicho mi padre que es paludismo y que me ha afectado bastante, es verdad, yo me canso mucho y muy rápido. El miedo a que la enfermedad me lleve como a mi prima Marisol no se me quita de la cabeza.

En la foto, de pie, están Carmen, Petra Guiñales, Epifanía y Luisa; abajo Dionisia, yo y Balbina. Mientras nos hacíamos esta foto, no pude estar de pie, me tuve que sentar en el suelo. Algunas de mis amigas se solidarizaron conmigo y se sentaron a mi lado, aunque se les manchó la falda, los zapatos y las medias. Siento que me quieren mucho y que nadie quiere que me pase nada malo, pero no puedo evitar el miedo.

Los manguitos que lleva Luisa tienen una pequeña historia, mi madre le hizo una blusa de manga corta, pero, mi padre decía que llevar los brazos al aire era pecado, y que de ninguna manera iba a permitir que se pusiera la blusa, por lo que le tuvo que poner detrás de la tela de lunares un retal de tela blanca hasta la muñeca.

Mi padre es muy religioso y ayuda mucho en su parroquia de Fuencarral, por las noches enseña a leer y escribir a muchachos jóvenes y menos jóvenes, analfabetos que no tienen cultura. Cuando venimos al Pardo, también suele ir a visitar a los frailes del convento del Cristo, a rezar a su Cristo Yacente y ayudar a los frailes muchas veces con el mantenimiento de su imprenta.

Su religiosidad tiene cosas buenas, pero algunas no tan buenas, a veces es muy severo en aspectos morales, del respeto de las costumbres y el cuidado del qué dirán y tenemos algunas discusiones, menos mal que mi madre que es muy ingeniosa y siempre sabe dar la vuelta a las cosas, nos saca de alguna mala situación con él.

No se da cuenta que somos jóvenes y tenemos muchas ganas de vivir la vida, hacer cosas y aprender. El siempre saca la moral, los miedos, los momentos difíciles que estamos viviendo, los rojos, los verdes y los azules, no se deja nada en el tintero.

Nos pone muchas, muchas reglas, como si no fuéramos responsables. A Luisa y a mí nos repasa toda la vestimenta antes de salir y no son pocas las veces que tenemos que cambiarnos. No se da cuenta que el mundo está cambiando, que está poniéndose de moda entre las jóvenes llevar ropas más ligeras e incluso algo ajustadas, blusas y faldas llenas de colores, con estampados y con detalles que «te dan glamour».

Cuando vamos a Madrid, vemos muchas chicas con los antebrazos al aire, blusas y chaquetas con cuellos algo más amplios, faldas más cortas, incluso con algunas plumas entre su ropa. Me gusta pasear por Madrid, ver los nuevos cortes de pelo con flequillo o corto a lo garçón.

Acaso podemos las jovencitas quedarnos impasibles ante estos nuevos momentos. Qué difícil, tenemos que protestar y protestar, aunque salten chispas.

Bueno eso pienso aquí, pero luego nos limitamos a refunfuñar, darnos la vuelta y huir para no estallar. En el fondo le queremos un montón.

Mi hermano Manuel es muy responsable y se lleva muy bien con él, tercia por nosotras cuando se pone cazurro.

Mi hermano Miguel se pierde por el río con sus amigos para pescar, que es su pasión, a veces se le hace muy tarde y otras, se le ha olvidado hacer algún encargo, entonces, cuando llega, mi padre le monta un guirigay.

Luisa y yo hemos ido con Manolo a la verbena, mi padre confía en él, agarradas de sus brazos la hemos recorrido saludando a algunos conocidos, nos ha invitado a un refresco en un puesto y después hemos echado un bailecito con él, qué me gusta bailar y dar vueltas, no lo hemos pasado fenomenal. Nos hemos reído un montón. Ha sido un buen día.

Mi padre solía leer mucho y escribía muchas cartas a sus amigos. Siempre tenía a mano un libro que lo acompañaba allá donde fuera, por si tenía un pequeño momento para leer, en ellos solía escribir algunos versos en las primeras hojas, me gusta leerlos y aprendérmelos de memoria:

Iba a los sitios andando o en bicicleta, le encantaba montarse e irse por los caminos a ver a sus amistades y familiares.

El mismo la reparaba cuando algo se le estropeaba. Llegó a montar una pequeña empresa de alquiler de bicicletas, pero cuando empezó a trabajar de chófer, la tuvo que cerrar.

Mis padres nos enseñaron a vivir nuestra religiosidad con energía e ilusión, yo iba muchas veces a misa con ellos, con mis hermanos y con mis amigas, en estos días que están pasando muchas cosas malas, rezábamos mucho.

Son muy buenos y los queremos mucho. Les tratamos de usted en señal de respeto, por todo lo que nos cuidan, nos dan y nos enseñan.

Paula y Miguel, fotos de estudio

Este año 1936 está siendo un año muy doloroso para mí, el 29 de marzo murió mi abuelo Damián, tenía 73 años, había trabajado toda su vida como Guarda del Monte y le queríamos mucho. Era muy gracioso y estaba siempre haciendo bromas.

Mi padre está muy nervioso y alterado porque están insultando, amenazando y deteniendo a muchas de sus amistades de la parroquia y del Pardo. Apenas nos deja salir, con lo que estamos casi todo el día encerradas en la casa.

Se ha producido un levantamiento militar, dice mi padre que nuestras tropas en Marruecos se han puesto en contra del gobierno y que pronto ocuparán Madrid. Los sindicatos y las autoridades han convocado una huelga contra estos generales. Dice que va a haber guerra.

Mi padre, el día de huelga, decidió que como no se trabajaba iríamos andando al Pardo a pasar el día, por el camino cogimos entre todos un pollo-perdiz, que nos hizo correr más de la cuenta. Con él llegamos a casa de mi abuela Victoria, que estaba vestida de negro y estaba penosa por la muerte de mi abuelo.

Al mediodía se escuchó un avión acercarse al pueblo, mi padre salió de la casa para verlo desde los soportales, como no veía bien si era republicano o de los nacionales, salió al centro de la plaza. Nosotros nos quedamos con mi madre en la puerta, ella me agarraba con fuerza. Mi hermano Manolo lo seguía a unos metros.

De pronto vinieron corriendo hacia mi padre unos milicianos armados y le detuvieron a él y a mi hermano, se los llevaron a la cárcel del Pardo.

Mi madre fue a hablar con sus hermanos que nos dijeron que en la cárcel ya habían detenido a varios vecinos y también a varios militares conocidos suyos y que estaban aquí de permiso con sus familias. Le aconsejaron que hablara con los que custodiaban la cárcel, para saber qué iba a pasar. Cuando fue, le dijeron que lo iban a trasladar a otra cárcel.

Mi tío le insistió para que volviera a ir y les dijera que lo llevaran al cuartel de Transmisiones, que nos pillaba mejor para ir a verlo, y allí tiene mi madre algún conocido, y así lo hizo ella. Se llevaron a mi padre al día siguiente a la cárcel modelo, a Madrid, pero soltaron a Manuel.

Mi madre está recibiendo todos los días cartas de mi padre, ella nos las lee con detenimiento y sin poder contener las lágrimas. Suele terminar escribiendo: “yo muy bien G.D.”, Gracias a Dios lo leía mi madre, y nos comentaba que mentar a Dios sentaba mal a muchos rojos y había que tener cuidado de no señalarse y evitar insultos y represalias.

Mi abuela y mi tía Luisa lo están pasando muy mal, la taberna se llena de soldados y milicianos que a veces se ponen a cantar la internacional, y ellas, con mi padre detenido por ellos, tienen que hacer de tripa corazón y aguantar sus chanzas. A mi madre le resulta imposible acercarse por allí.

El 7 de septiembre murió mi tío José, hermano de mi abuelo Damián. Los momentos de tristeza están llenando nuestra vida. Llorar y rezar llena cada vez más nuestro tiempo. Mi madre está tirando de unos ahorrillos y de los jornales que le salen a Manuel. Estamos ayudando a mi abuela Elena preparando bocadillos y comidas para dar de comer a los soldados republicanos que llegan a su taberna.

Llevamos varios días sin recibir cartas de mi padre.  En la última decía que estaban con él varios frailes y que rezaban el rosario gran parte del día, también comentaba que había preocupación, y que empezaban a temer por sus vidas. Mi madre no para de leerlas y releerlas, buscando entre líneas alguna señal de esperanza.

Mi padre, Miguel Merino Montero, apareció muerto el 9 de septiembre de 1936, a consecuencia de disparos de arma de fuego, a la 1 de la madrugada en la Carretera de Francia, km 10 y medio, a la altura de un jardín cercano a nuestra casa de Fuencarral.

Tenía 39 años, quedando mi madre viuda con 43. Todos estamos muy afectados, Manolo no para de decir que él es el siguiente, cumplió los 20 dos días después de su muerte. Mi madre y Luisa le dicen que él no ha hecho nada malo, y que no tiene porqué pasarle nada.

Mi hermana tiene 17, yo tengo 15 y Miguelín, 9, me es muy difícil entender por qué se mata a una persona tan buena. A otros familiares y conocidos les está pasando lo mismo. Estamos todos llenos de dolor, pero también de rencor hacia esos asesinos que no merecen perdón, tenemos miedo de que pudiera no ser la última muerte.

La guerra ha empezado. El ejército republicano está trayendo sus tropas hasta el Pardo, porque según parece creen que las fuerzas nacionales van a venir desde detrás de estos montes, han ocupado el convento del Monte y algunos palacios.

Los milicianos han hablado con mi hermano Manuel y lo han metido a hacer trincheras para el ejército republicano en el Palacio de la Zarzuela. Él hace lo que le dicen, pero no deja de esperar que cualquier día le maten, ha dejado de rezar y cuida mucho lo que habla para no verse perjudicado.

Mi hermano Manuel Merino Gutiérrez apareció muerto el 25 de octubre, lo acribillaron a disparos entre las 12 y las 3 de la tarde, cerca de Colmenar Viejo, por el Goloso o Tres Cantos, cerca de la capilla de la Soledad, en el km. 3 de la Carretera a Fuencarral.

Murió 46 días después de su padre, nos ha contado uno de sus amigos, que los milicianos fueron a por él al trabajo, le dijeron que era para que hiciera unas declaraciones y se lo llevaron.

Esto ha sido un nuevo mazazo para todas nosotras. Mi madre está todo el día llorando, metida en la cama y todos estamos con ella. Rezamos mucho por las almas de nuestro padre y nuestro hermano. No nos atrevemos a movernos.

Los bombardeos en el Pardo y en su alrededor están aumentando, están deteniendo a muchas personas, algunas familiares y también a muchos curas, no sabemos qué hacer, ya no le queda a mi madre apenas dinero para ir tirando, mis tíos nos ayudan.

Mi madre ha decidido que no nos volvemos a Fuencarral y que tampoco nos quedaremos en la casa de mi abuela. Mi tío Chano nos ha ofrecido su casa de Colmenar viejo, dice que aquello está algo más tranquilo. Mi madre tiene pánico a que nos detengan a alguna de nosotras, allí nos vamos a esconder, dicen que la guerra seguramente durará poco.

La casa de mi tío en Colmenar no es muy grande, pero allí hay menos bombardeos. Nosotras nos estamos encargando de lavar la ropa, dormimos en el suelo los 4, con una manta. Mi tía Angelita hace la comida, pero la mayoría de los días no hay para todos, a veces ni siquiera puede repartirnos nada, y cuando lo hace y se acaba lo poco que nos da, mi hermano Miguelín empieza con la retahíla: «pues yo tengo hambre». Mi madre suspira sin poder hacer nada y nos dice a todos que vayamos a pasear al campo a ver qué pillamos; siempre encontramos algo, como tagarninas, que ella coge con mucho cuidado de no pincharse, la limpia de pinchos con habilidad y luego las comemos hervidas, en ensalada o en revueltos. Estamos pasando mucha hambre, ni tenemos qué comer, ni tenemos dinero para comprar nada.

Cuando vamos a buscar algo que comer al campo, a veces nos pasa de todo, hace unos días fui con mi madre y mi hermana y algunas amigas a una huerta donde ya habían recogido casi todo, el dueño nos dijo que podíamos revisar por si había algún rebrote o algo que se hubieran dejado atrás, fuimos escardando para conseguir algunos restos que se podían utilizar en los guisos, de pronto oímos un avión.

Nos refugiamos deprisa acurrucados detrás de una tapia para que no nos viera, pero ya nos había visto y empezaron a disparar, sonaban los repiqueteos de las balas de la ametralladora en la parte de atrás de la tapia. Como el muro estaba roto, cuando se fue el avión y nos levantamos nos dimos cuenta de que mi amiga Inés se había hecho varios cortes en las piernas con los ladrillos. Mi hermana dijo: «estos republicanos quieren acabar con nosotros» y mi madre la corrigió: «Estos aviones no son republicanos son del ejército nacional». «Todos quieren matarnos» apuntillé yo.

Lo pasamos tan mal, que un día, el Señor Penacho, amigo de mi padre, se ofreció a que nos fuéramos a su casa; a cambio de que laváramos la ropa y ayudáramos a su mujer nos podríamos quedar allí y tendríamos algo que comer.

La guerra no acababa y el estar en casa de otros, por mucho que te quisieran ayudar en esos tiempos tan duros y complicados, llevaba a veces a vivir momentos de tensión y miedo. Nos quedamos allí hasta que un día mi madre dijo: «esto no puede seguir así, si nos matan, que nos maten, pero nos volvemos al Pardo».

Nos hemos ido a vivir a casa de mi tío Juan Francisco en la calle Mira el Río, 9, nos dejó una habitación en la que había una sola cama, pero estamos bien y tenemos a la familia cerca.

Para poder comer, a veces, pedíamos permiso a algún conocido que tiene finca y que ya hubiera recogido su cosecha de patatas (o de otros alimentos), recorremos su campo y recolectamos las pocas y pequeñas patatas que allí se habían quedado abandonadas; con ellas tirábamos algunos días, las pelábamos muy finas para no desaprovechar nada, y no tirábamos ni las mondas, que cocíamos y filtrábamos, haciendo sopas; a veces le añadíamos las tagarninas encontradas.

Las brigadas y los republicanos que había en el pueblo, cuando estaban en grupos, cantaban sus canciones, como el himno de la internacional, tanto para darse valor como para generar miedos en los que consideraban sus enemigos. Vivimos estos años con mucho miedo y dolor, pero el solo hecho de escuchar estas canciones nos pone los vellos de punta y nos reviven las muertes sufridas.

Hemos empezado a lavar ropas de los militares, pagan poco, pero así vamos tirando, nos vamos por la mañana muy temprano al río y nos volvemos antes de que el sol esté en lo alto. Ponemos la ropa a secar y más tarde volvemos con la canasta para recogerlas y doblarlas.

Cómo todos los días, voy temprano con mi madre a la farmacia de José Beato Guerra, a la calle Eugenio Pérez, el médico me prescribió un medicamento cuando cogí el paludismo que tenía que tomar durante mucho tiempo y todos los días, al médico lo han matado y no tenemos con qué pagarla, pero el farmacéutico me está atendiendo desde que nos hemos vuelto sin cobrarnos, y el medicamento nos lo da cada día sin pedirnos nada, era muy amigo de mi padre.

Hace unos días lo detuvieron y se lo iban a llevar preso, pero corrió la voz y todo el pueblo salió a la calle para que no lo hicieran y tuvieron que dejarlo libre.

Hoy, cuando iba con mi madre a por mis medicinas, llegaron los aviones y empezaron a bombardear el pueblo, como muchos días, mi madre y yo corrimos y nos pusimos detrás de una tapia, mi madre se llevó la mano al bolsillo y sacó dos trozos de rama, me dio uno y dijo que lo pusiera entre los dientes, por si cae una bomba cerca. Por suerte no cayeron donde estábamos. Seguimos hacia la farmacia mientras me decía que mordiendo el palo si estalla una bomba cerca se protegen los tímpanos.

Nos tenemos que levantar muy temprano, ya que hay que dejar el fuego preparado en la chimenea, para que la comida se vaya haciendo poco a poco.

Mi tía Luisa ha acordado con mi madre que la vamos a ayudar preparando bocadillos y algunas comidas para la taberna, ellas, en algunas horas del día no dan abasto. Algunos que al final sobran, los vendemos nosotras.

En julio de 1937, murió Angelita, la mujer de mi tío Chano, una enfermedad la consumió y se la llevó. Chano se quedó solo con sus 2 hijos pequeños.

El martes, 15 de marzo de 1938 murió mi abuela Elena Montero del Hoyo. Tenía 63 años, desde que murieron mi padre y mi hermano, quedó enganchada a la pena y se ha ido consumiendo poco a poco. Decía que nunca se debería morir un hijo antes que una madre, y menos de esta manera. Rezamos todos los días por su alma, que descanse en Paz.

Hemos ido con mi madre a su casa, ya que tenía muchas cosas suyas allí, las hemos recogido y las hemos guardado en un cajón.

En diciembre apareció una nueva epidemia de tifus que se llevó a los 2 hijos del tío Chano, Vicente, el día 11 e iba a cumplir 11 años y Carmen, el 17, con 9 años. Mi tío se ha quedado solo y desolado, y se ha venido unos días al Pardo con su madre. Toda la familia está rezando por sus almas.

El otro día, lavando en el río, se me resbaló la pastilla de jabón de la mano, la compartimos entre todas y como no teníamos otra, mi madre me dijo que me metiera en el río a cogerla. Me llegó el agua hasta la cintura al recuperarla y me quedé helada y con mal cuerpo del frío que tuve, el invierno no perdona.

Hoy, estábamos lavando en el río, y apareció correteando por allí un borrego, mi madre se incorporó rápidamente y nos dijo a todas que lo cogiéramos. Fue una tarea ardua y difícil, pero al final lo acorralamos y lo pudimos agarrar. Como no sabemos de quién es, lo hemos dejado, de momento, en el chabolo que tenemos para protegernos durante los bombardeos, junto a la naval.

Estamos preguntando a todo el mundo y nadie sabe de quién es y hemos esperado unos días por ver si aparecía alguien reclamándolo, como no ha sido así, hemos decidido matarlo mañana y guisarlo entre todas y para todas.

En el chabolo lo mataron y allí, en el campo, junto al río lo guisamos, nos lo fuimos comiendo todas las vecinas que lavamos juntas, poco a poco, saboreándolo, nadie sabe si esto se va a poder repetir.

Nos hicimos unas fotos para recordar ese momento. Estuvieron las hijas de Nene, la tía Felisa, Epifanía, Patro con una amiga y algunas más.

En nuestras caras se ve que nos supo a gloria, qué de tiempo ha pasado sin un pequeño festejo entre nosotras. Después llegó el momento de hacer la digestión y disfrutar del día con un buen paseo.

A veces salimos al campo a pasear, el otro día el hijo de Penacho ayudó a Luisa a llevar a mi abuela Victoria, llevábamos una silla, porque le costaba andar y en ella descansaba a ratos. Cuando llegamos a las canteras de mármol empezaron a bombardear; corrimos llevando a la abuela en su silla y nos caímos todos con ella, encima de unos pinchos.

Tuvimos que volver rápido, repartiéndonos a la abuela. Por el camino fuimos quitándonos los pinchos cuando nos parábamos a recuperar el resuello.

La guerra, está siendo muy cruel, todos los días vemos subir los camiones hacia el frente llenos de soldados cantando con alegría, por las tardes, los vemos volver llenos de chicos muertos y heridos en la batalla, el silencio y el dolor envuelve toda la plaza. Aunque son del ejército rojo, rezamos también por ellos, muchos no tienen culpa de esta guerra.

Muchas veces, nadie recoge las ropas de los soldados muertos, nosotras cuando pasan unos días sin que nadie las reclame, las cocemos y las cortamos y hacemos todo tipo de prendas, ya que no tenemos de nada: Bragas, sostenes de felpa,…

Ha muerto mi abuela Victoria, el 27 de febrero de 1939. Tenía 74 años. Era una buena mujer. Mi madre me contó que era de un pueblo de Guadalajara, Torre del Burgo, donde sus padres, Justo y María Paula trabajaban el campo. Tuvieron que venirse en unos años en que apenas había cosechas y arruinados, en El Pardo rehicieron su vida. Mi tía Amparo estuvo con nosotras en el entierro.

El 28 de marzo, las tropas del General Franco han entrado en Madrid, nos han dicho que la guerra ha terminado aquí. Nos pusimos a gritar muchas veces por la calle: ¡Ha llegado la paz! y hemos llorado todos de alegría, parecía que no iba a acabar nunca. Hemos perdido tanto y tantas cosas, que no sé si nos podremos recuperar algún día.

Hoy 7 de mayo, fuimos a ver si encontrábamos el cuerpo de mi hermano, han abierto las fosas donde los habían enterrado y allí estábamos muchos familiares, intentando descubrir de quién era cada cuerpo que iban sacando. Ha sido una situación muy violenta, hasta el silencio era doloroso, roto en momentos por los llantos desesperados de personas al reconocer a un ser querido.

Repetíamos los movimientos una y otra vez, nos acercábamos con el corazón en un puño cuando sacaban los restos de una persona, mirábamos con mucho cuidado todo, casi sin poder respirar, cuando alguien reconocía al suyo, los demás nos retirábamos unos pasos para atrás.

Mi madre decía que observáramos los dientes, porque tenía uno mellado y ella sabía cuál era. Yo no aguanté mucho, no veía nada ni sabía que mirar, y me sofocaba cada vez más, con lo que continuaron mi madre y Luisa.

Al final encontró Luisa el diente mellado en uno de los cuerpos, mi madre lo confirmó, se recogieron todos los restos que había cerca, los separaron y envolvieron con una tela, poniendo una etiqueta encima con el nombre de mi hermano. El dolor volvió y no pudimos contener nuestras lágrimas, rezamos por mi hermano mientras los demás seguían con su trabajo. Nos han permitido trasladar sus restos Fuencarral, el entierro fue a las 11 y media.

Hemos aprovechado para darle una vuelta a la casa, está bastante abandonada. Mi madre dice que de momento nos vamos a quedar a vivir en la casa de su madre en El Pardo ya que ahora no tenemos nada para poder afrontar una obra.

Aunque la guerra ha terminado, se hace difícil incluso caminar, la gente va por las calles cabizbaja, mirando de reojo a los demás, como si no se fiaran unos de otros, hemos visto varias detenciones y se te encoje el corazón, creo que ya hemos pasado bastante.

Hemos hablado entre nosotras de qué hacer, los militares se han ido del pueblo y ya no tenemos ni ropa que lavar ni bocadillos que vender, tenemos que buscar otros trabajos, nos hace falta algún jornal, no podemos vivir del agua.

Apenas tenemos nada, ni para comer dignamente ni para mantener la casa, que ahora lo tenemos que hacer nosotros, aunque nos ayudan nuestros tíos. En el colmado nos dicen que apenas hay nada que comprar, pero además no se fía y sin dinero no tenemos nada que comprar. Además, el otro día llegaron varios productos, pero en poca cantidad, y hubo peleas por ver quién se quedaba con ellos, se los quedó quien más pagó.

El 15 de mayo nos han dado unas nuevas cartillas familiares que llaman de racionamiento, tiene unos cupones que van quitando según las usamos. Hay que hacer una enorme cola, y muchos productos muchas veces no nos llegan, han dicho que serán unos meses, bueno, eso es mejor que nada.

Hoy he cumplido 18 años y aún sigo viva, por un lado, estoy contenta con ello, tengo muchas ganas de hacer cosas, muchas cosas, pero a ratos lo veo todo negro, seguimos pasando hambre, seguimos lavando algunas ropas, apenas ha mejorado nada. Es verdad que no hay bombardeos, peso sigue habiendo detenciones, muchas, y sigue habiendo mucho miedo e incertidumbre.

Mi hermana Luisa es una valiente, tira de nosotras con fuerza y se mueve por todos los lados cuando quiere conseguir algo, la quiero mucho. Aunque muchas veces discutimos, hace de hermana mayor y de padre, y es muy estricta, a veces es mi guerrera, me hace la guerra en casa y discutimos.

Todos los días, por la noche, cuando terminamos la jornada, hablamos y nos ponemos a ver lo que podemos comer al día siguiente, revisamos lo que tenemos, decidimos quién se levanta primero para preparar el fuego, quién va al colmado a coger algunos alimentos con la cartilla, a recoger agua le toca a Miguel.

Cocinar no es fácil porque no tenemos de casi nada, el fogón se ha convertido en un lugar donde utilizar la imaginación, y cuando no tienes algo, buscar qué lo puede sustituir. Siempre echamos en los guisos muchas especias: ajo, laurel, tomillo, … mis tíos las recogen del campo y nuestros primos nos las traen, así se mata el mal sabor, nadie se puede imaginar lo que echamos a veces en los guisos y las sopas que hacemos en la cazuela. Desde luego, si sobrevivimos a esto, viviremos eternamente.

Ya hace 3 años desde que mataron a mi hermano Manuel y nos tuvimos que esconder, el otro día Luisa y yo nos fuimos a Madrid y nos llevamos a Miguel, al recorrer la puerta del Sol, la plaza Mayor y andar por sus calles, sentimos que la vida nos volvía a hacer vibrar, se me hinchaba el corazón, las lágrimas nos inundaron los ojos, pero de alegría, era como si volviéramos a la vida.

Una buena noticia, ese General Franco que ha ganado la guerra, se va a instalar aquí en este 1940, en el Pardo, están llegando nuevos militares de distintos cuerpos y está montando un cuerpo de su guardia personal, que dice mi prima que ha visto a algunos muchachos muy altos y guapos, y que van a veces a caballo.

Mientras me busco uno guapo y galante, podremos volver a lavarles las ropas y prepararles bocadillos y tendremos algo más para comer nosotras.

Mi hermana se ha sentado conmigo y con mi madre y nos ha contado que el General, durante la guerra había hecho obligatorio un servicio social de 6 meses para todas las mujeres entre 17 y 35 años, y que a quienes no lo hagan, le será muy difícil presentarse a plazas y oposiciones, ni podrán obtener ninguna titulación.

Me ha convencido de apuntarnos a la falange, que es obligatorio para hacer ese servicio y es donde nos forman, después podré hacer los 6 meses en el Auxilio Social, donde se necesite. A mí me gusta la idea de ayudar a otros y he aceptado sin pensármelo.

El día que me hice esta foto de medio cuerpo, iba sola por la calle, y de pronto un hombre me cogió del brazo y me culpó de comunista, yo me asusté mucho, y nos peleamos a voces en medio de la calle, no sé de dónde saqué las fuerzas, le dije de todo, y él acabó yéndose, pero amenazándome con el dedo, a mí me temblaban las rodillas, me fui corriendo a mi casa y allí me puse a llorar en un rincón. Mi madre escuchando el llanto, mientras me abrazaba, me tranquilizó.

Fue a hablar con uno de sus hermanos, y entre unos y otros consiguieron localizar al hombre, es una persona muy conocida, unos días después vino a pedirme perdón, yo por supuesto no lo perdoné; ni lo perdonaré jamás por aquel enorme sofocón que me paró el corazón y me dejó el cuerpo tembloroso durante varios días.

Me ha llevado mucho tiempo recuperarme del susto, se ven detenciones, palizas e insultos en la calle con cierta asiduidad, y no quiero verme nuevamente en un momento tan desagradable como peligroso.

Mi madre ha hablado con su hermano para ver con quien hablar para que me haga un papel donde se dejara claro que no soy comunista, no me fio de esos locos que se dedican cada día a buscar enemigos debajo de las piedras, y que, si no sacian su sed de venganza, arremeten contra cualquiera.

Al final mi tío segundo, Justo Lozano López, hijo de Amparo López Marina, hermana de mi abuela Victoria, para mi tranquilidad, me ha hecho este papel que pienso que me ayudará cuando salga a la calle.

Me apunté este mes de junio de 1941 para hacer el Servicio Social, es un servicio voluntario, no cobraré nada.

Bueno, esperaba algo, pero la experiencia me vendrá bien.

He empezado a realizar el trabajo en septiembre, en la plaza de los 4 caños. Entro entre las 8 y media y las 9 y estoy hasta que terminan los niños de comer.

Casi todas las tardes quedo con mi amiga Remedios. Nos entretenemos hablando y yendo con el cubo a por agua. Salimos un ratito cada día. Remedios vive cerca. Las dos vamos a misa al Cristo, pero no todos los días.

Con los niños, mientras comen nos sentamos con ellos, no tienen qué comer en sus casas y a la mayoría le faltan padre y madre.

Creo que esto es una oportunidad, ayudo a mis compañeras y a mis vecinos y además nos relacionamos con mucha gente, está siendo una buena manera de convertir el dolor y el rencor en solidaridad.

También lo veo como una labor de aprendizaje que más adelante me puede abrir otras puertas.

Esta foto me gusta, se ve que la alegría y la relajación está volviendo a nosotras. Llevamos ya unos meses y nos vamos recuperando.

Mi jefa en el comedor ha enfermado, me dice mi jefe que es de los nervios y que tardará un tiempo en volver, me ha ofrecido ocupar su puesto hasta su recuperación, y no he dudado ni un segundo en decirle que sí. Estoy MUY CONTENTA.

Aquí estoy con mis compañeras Consuelo Palacios y Carmen, la hija de Peñalva y con otros 2 compañeros, en la plaza.

Se me ve demasiado grandota como toda mi familia, tendré que esforzarme para encontrar a un muchacho grande como yo.

Este día de reyes ha sido un día especial, he recibido en el comedor a Carmen Franco, que trajo juguetes a los niños, junto a ella, mis niñas Carmen Carrero y Pilar Anubla. A mí me ha regalado una figurita pequeña de porcelana.

Mi hermana Luisa está enfadada otra vez conmigo, cuando no es lo que ella quiere le va con el cante a mi madre y sabe que eso me sienta mal, me hace la guerra, menos mal que mi madre quita hierro a sus disputas.

Mi madre está indagando sobre algún trabajo estable y que nos proporcione unos jornales que nos permitan ir mejorando, lleva varios meses buscándose la vida y está yendo a ver a algunos familiares para que le den ideas y la ayuden.

Le han dicho a mi madre si quería llevar ella la concesión del estanco del pueblo, parece que no están muy contentos con la mujer que lo llevaba, y debido a la razón de la viudedad de mi madre, quieren compensarla. El estanco está al lado de la taberna de Luisa y cerca de los ultramarinos de Salustiano. Ha dicho que sí.

Hoy he estado en la casa de Peñalva, fui a preparar bocadillos para los pobres con su hija.

Una de sus hermanas me ha presentado a un chico muy guapo, que había ido a recoger su ropa, y como comentó que qué bien olía lo que le echábamos al pan, le di uno de los bocadillos de chorizo que había hecho.

Se llama Pepe, y habla de una forma distinta a los chicos de aquí, tiene un deje muy gracioso. Me agradeció el detalle con mucha gracia. Es guapísimo y tan alto como yo.

A Luisa y a mí nos gusta la música, me encanta escuchar la zarzuela y la copla, nos aprendemos las canciones y cuando estamos haciendo algunas cosas de la casa, las tarareamos. Cuando podemos, alguna tarde vamos con nuestros primos a bailar a la verbena o a alguno de los pocos festejos que se hacen.

Se ha trasladado el estanco de lugar, le han asignado una casa que tiene varias habitaciones en la plaza del Generalísimo y allí nos vamos a ir a vivir, esta semana empezamos a trasladar las cosas que tenemos, nos ayudarán nuestros primos.

He vuelto a ver al Pepe que me gusta, paseaba por la plaza con Juárez, un Guardia Civil, que conozco de ir al estanco a comprar tabaco, al cruzarnos volvió a presentarnos y dijo: «esta es la hija de la estanquera» y Pepe, queriéndose hacer el gracioso, dijo: «Hombre, yo me tengo que casar con la hija de la estanquera, para fumar gratis». Qué rápido va este hombre, yo salté y dije: «Pero yo me casaré con alguien que no fume, porque no me gusta que fumen a mi lado», me di la vuelta y lo dejé allí planchado.

A partir de ese día, asoma la cara por el estanco por si quiero dar un paseo por la plaza y sus alrededores. Él me cuenta cosas de su infancia en Ubrique y en Chiclana, la pérdida de su madre tras traerlo al mundo, en la epidemia de gripe del 18, pasando mucha hambre después, buscándose la vida vendiendo pescado en la playa, una vida muy dura me dijo. Hemos ido a bailar que me gusta mucho, me hace reír mucho.

Me ha dicho Pepe que Juárez le ha convencido de que debería de pedir el traslado a la Compañía de la Guardia Civil, sería Guardia 2º del servicio exterior y de seguridad de la Casa Militar, él cree que mejorarían sus condiciones en ese trabajo.

Le han concedido a Pepe el pase a la Guardia Civil en marzo de 1942.

Pepe se me ha declarado, pero yo aún tengo dudas, mi hermana me dice una y otra vez que no me conviene, que estos militares, con sus bonitos uniformes, van todo el día de un lado para el otro, de picoteo y que no me fie.

Pepe, aunque he despreciado varias veces sus peticiones de que seamos novios, ha vuelto a insistir, y le he dicho hoy que sí. Yo sé que es un zalamero y no las tengo todas conmigo, pero me tiene loquita. Me cae muy bien, cómo puedo decirle que no.

Mi hermana y mi madre se han enfadado mucho conmigo, y me han llenado la cabeza de dudas, esta tarde me he ido de paseo con Remedios, que me ha dado muchos ánimos, y me he tranquilizado con ella.

He empezado a sentirme mal, creí que era el calor del verano, pero no me viene la regla desde hace bastantes días, mi madre me ha preguntado si he tenido relaciones y si puedo estar embarazada, le he dicho que sí, con Pepe, mi novio. No le ha sentado bien la noticia, pero ha estado muy cariñosa conmigo. Pepe está de viaje y aún no se lo he podido decir.

Al volver de Galicia, le he dicho a Pepe que estoy embarazada y se ha mostrado contrariado, hemos estado paseando, pero hoy no ha estado muy hablador.

No puedo seguir con el trabajo en el Auxilio Social, se me empieza a notar como me crece la barriga y escucho murmullos a mi alrededor y algún reproche por «mi conducta». No quiero molestar a nadie, ya llevo más tiempo del que tenía obligación, hablaré con mi jefe, le diré que no puedo seguir en estas condiciones.

He hablado con mi jefe, me ha pedido y recomendado que continuara, ha insistido tanto que al final me he comprometido a continuar un poco más, hasta que me vaya a casar.

He hablado con Pepe de la boda, pero no lo veo muy convencido y no pone fecha. Mi hermana dice que Pepe vive muy bien, que la vida le sonríe y que no está dispuesto a perder este momento de libertad, lleno de viajes y aventuras que tiene, y que por eso no tiene muchas ganas de casarse. Me ha sentado muy mal que hablara así de él sin conocerle, él me quiere mucho y yo a él.

Mi madre ha hablado con Pepe, y él sigue teniendo dudas, no quiere casarse, hasta pone en dudas de que mi hijo sea suyo, a mi madre no le ha sentado nada bien ese comentario y le ha dicho de todo. Creo que mi hermana va a tener razón, él tiene miedo de tanta responsabilidad y de no poder seguir llevando la vida que lleva y que le gusta, pero yo sé que me quiere.

Mi tío me ha comentado que sus compañeros están mal con él, que apenas le hablan y que sus mandos hablan de abrirle un expediente. Yo no quiero que le abran ningún expediente.

El padre de Paco, el novio de Luisa, Francisco Rodríguez, que fue alcalde, habló ayer con Pepe, y le insistió en que tiene que casarse, que el hijo es suyo y que es su obligación. Al final, sus mandos le han puesto una fecha muy próxima; 6 de febrero de 1943, y le han dejado claro que si no aparece el sabrá.

Llegó el día, hoy me he casado con José Fernández Gutiérrez, guardia de la escolta del Jefe de Gobierno, a las 9 de la mañana, en la Iglesia de la Purísima Concepción, ha sido una ceremonia triste, con demasiadas caras largas, no he podido contener las lágrimas.

Estoy notando que mi hijo quiere salir ya, espero que lo haga pronto y que podamos disfrutarla juntos.

Se que soy aún muy joven, tengo 21 años y Pepe, solo 25, pero somos fuertes y lo vamos a hacer bien.

Con todos los nervios y las prisas, no nos hicimos fotos, mi madre no quería fotos con barriga y caras de circunstancia. Esta foto es de pocos días después, que fuimos a la boda de la peinadora.

Ha nacido mi niña, el día 8, a las 3 de la madrugada, la hemos llamado María del Carmen, como yo. Vio la luz en la casa de la Plaza del Generalísimo, número 7. Salió con lo que llaman el labio leporino, ha venido el médico y la comadrona y me han dicho que eso sucede cuando no se cierra bien el cuerpo al formarse, pero que se la puede operar en unos días, por lo demás, salió bien. Pepe se mareó cuando la vio. Tomó el pecho rápido y se alimenta bien. Yo estoy preocupada con la operación.

La bautizó el cura Don Nicolás Sanz, en la misma iglesia de la boda. Han sido sus padrinos: Jacinto Gutiérrez Villanueva y María Nieves Jiménez de Carlos.

Pobre Pepe, entre el mareo y que quería tener un hijo varón, está muy nervioso, entra y sale continuamente. Está viviendo todo como si fuera un desastre. Me ha dicho despacito que por qué no le he dado un niño, le he tenido que decir que ya me hubiera gustado para tenerlo a él contento.

Hoy ha venido a comprar tabaco un compañero de cuartel de Pepe, es muy hablador y me ha contado con pelos y señales la fiesta que montó Pepe en el cuartel, donde llevó jamón, queso y bebidas. También me ha dicho que le echaron la bronca porque se había gastado 200 pesetas en lo que llevó, y me dice que cómo le he dejado hacer ese gasto, que es mucho dinero, y que la cosa no está muy bien para esos dispendios.

No paro de darle vueltas, ¿cómo este hombre se ha gastado ese dineral? Se que vendiendo las carteras y petacas que le envía su tío Diego le va bien, pero es mucho dinero, su sueldo del mes solo es de 39 pesetas. Supongo que habrá dicho mucho más de lo que realmente se ha gastado, a veces es un poquito fanfarrón, le gusta aparentar.

Nos vamos a quedar a vivir en la casa de mi madre, en la parte alta del estanco, allí hay una habitación grande que servía de trastero y donde hemos colocado una cama de matrimonio metálica. Pepe se queda algunos días en el cuartel, cuando tiene guardia o cosas que hacer allí. A la casa no llega el agua, hay que ir a cogerla a la Casa Infante.

Mi madre lleva el estanco, trabaja todo el día, la ayudamos sus tres hijos.

Pepe se centra en lo suyo, su cuartel, las guardias y la venta de carteras y petacas. Le ha dado algunas a mi madre, para que las ponga en el estanco por si a alguien le interesa. Ella le ha dicho que va a preguntar si puede o no venderlas allí, que no lo tiene claro.

El 9 de abril, a las 12 de la mañana ha nacido Marisol, la hija de mi tía Luisa Merino y de Justo Montes, en el número 6 de la plaza, está bien que se lleven tan poquito, seguro que serán muy amigas.

Han operado a mi niña ya cuatro veces para cerrarle el labio correctamente. Me han dicho que he de estar pendiente por si se infecta algún punto, espero que no, mi niña, qué bien se porta. Mi madre me ayuda mucho con ella y también con sus consejos, me cuenta muchas cosas de cómo atenderla que creo que me van a venir bien.

Gran parte del dinero que gana Pepe con la piel, se lo gasta en ropa.

El lavado de la ropa me toca a mí, me gusta que salga de punta en blanco. Al ir tan arreglado, le llevan continuamente de viaje de escolta con coches de la casa militar.

Normalmente hace servicios de Seguridad en Palacio, a veces hace servicios a caballo en la carretera o en Madrid.

Muchas veces me dice que ha estado en las puertas de una fiesta para militares o para diplomáticos. A veces tiene que acompañar a sus casas a las mujeres de los militares, cuando la fiesta se alarga para los hombres.

Esta es la foto de carné del Servicio de Seguridad de Pepe cuando va de paisano con la escolta de Franco. ¡Qué guapo es mi marido!

Viaja por toda España hacia cualquier acto en los que participa el Jefe del Estado, es mucha responsabilidad, pero es interesante, un día me cuenta que ha ido a la inauguración de la escuela de Marín, otro en la Granja o en la inauguración del Museo de Cristal, no para, a veces no le veo en varios días.

Llevamos unos meses en que no llegan algunos alimentos, no hay aceite vegetal, ni café, ni mantequilla. Tampoco hay mucho tabaco. Todo lo han racionado un poco más, y han puesto cartillas de racionamiento individuales, parece que se han dado cuenta que en las familiares estaban aún muchas personas muertas en la guerra.

En el colmado nos están dando aceite de pescado o de soja, también dan malta para hacer café y margarina.

Han detenido a un lechero en Madrid, vendía la leche mezclada con mucha agua. Nos han dicho que se están produciéndose algunas adulteraciones en los productos, que miremos bien todo. Con la carne, por su inexistencia a veces y su escasez, parece que también pueden estar dando gato por liebre.

Estos dos últimos meses de 1944 han ocurrido muchas cosas que me desbordan. Han vuelto a operar a Mari Carmen del labio, esta vez le han injertado piel de otra parte del cuerpo, es una operación novedosa que no se hacía hasta ahora.

Pepe se ha roto la pierna, volviendo de un servicio de la Zarzuela en Torrelodones de vigilancia a caballo en la carretera, y que terminó muy tarde, quisieron cortar terreno con los caballos por una vereda, su caballo, «Fe», se topó con una alambrada, cayendo ambos al suelo, pero él debajo, rompiéndose la tibia y el peroné. Al caballo lo tuvieron que sacrificar, lo que ha generado un gran malestar entre sus jefes.

A él lo han tenido que operar de urgencia el 6 de noviembre en el Hospital de Maudes y tiene que estar 2 meses allí ingresado.

He conocido a Coral Rojano, la mujer de un compañero del cuartel de Pepe, fueron a verle el otro día al hospital, hemos quedado en dar un paseo por la plaza cuando salga Pepe, parecen muy buenas personas.

Le he dicho a Pepe en el hospital que posiblemente esté otra vez embarazada. Él se ha puesto muy contento, dice que ahora toca un mocito.

A Miguel, lo han llamado a filas, tendrá que incorporarse pronto al ejército. Una ayuda menos para mi madre.

Él está la mar de contento, nos ha enviado una foto con la pandilla que ha montado allí.

Está muy delgado mi hermano, le deben dar de comer bien poco.

El 12 de mayo de 1945 mi hermana Luisa Merino se casó en la Iglesia Parroquial con Francisco Rodríguez, al que llamamos Paco; se han ido a vivir juntos a otra casa.

Pepe me ha salido de pronto con que necesita cambiar de aires, que en el cuartel está muy incómodo y que las ventas de carteras no le van bien, la gente no las puede comprar, habla de irnos a África. No entiendo nada, le he dicho que aquí tengo a toda mi familia y a mis amistades, y que tenía que pensar en los niños también, aún son muy pequeños para esas aventuras.

Quiere solicitar el traslado a un cuartel del Protectorado Español en Tetuán, le ha dicho un compañero que ya se fue, que en Tánger se conceden con facilidad pasaportes, y que aquí eso es imposible.

Se le ha metido en la cabeza la idea de hacer las Américas, piensa que es un buen comerciante y puede ser un buen industrial; cree que fácilmente se haría rico, y que allí en Madrid, con la penuria y el desabastecimiento es imposible hacer dinero.

No hay quien le convenza de que aquí estamos bien, dice que él se va a ir primero y que cuando todo le vaya bien y esté asentado, la avisará y le mandará dinero para que viaje ella con los niños. Ha entregado la solicitud pidiendo el traslado el día 19.

Le han denegado la petición, estoy muy contenta, tenía el corazón en un puño. Él está muy contrariado y malhumorado. Me da la sensación de que no va a parar hasta que lo consiga, yo rezo mucho para que no sea así. Le he comentado a mi madre lo que pienso, ella me aconseja que sea paciente y que me centre en mis hijos.

Miguel nos ha escrito, nos dice que llevaba unos días que se fatigaba mucho y le han hecho una revisión médica. Le han detectado tuberculosis y le van a dejar fuera de servicio en breve.

Nos cuenta que ha empeorado mucho en pocos días y está pasándolo mal, dice que sus compañeros están ayudándole en todo lo que necesita.

Estamos muy preocupadas, porque hay varios casos en la familia y no es una enfermedad leve, si tu cuerpo no se recupera solo, termina apagándose.

Llegó Miguel, ha perdido mucho peso y está muy débil, le estamos mimando mucho para que se ponga bueno pronto.

Mi segundo hijo nació el 23 de julio a las 9 y cuarto de la mañana en la casa de la plaza, lo hemos llamado José Miguel, el primero por su padre y el segundo por mi padre y mi hermano pequeño. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de nuestra señora de la Concepción por el cura Nicolás Sanz, fue su madrina mi madre.

Pepe ha vuelto a montar un festejo con sus compañeros del cuartel, pero esta vez, me ha contado que quiere aprovechar para vengarse de sus amigos, que se rieron de él la vez anterior por «la niña». Ha comprado 2 arrobas de vino (unos 16 litros), le ha echado un litro de aguardiente a cada arroba y las ha puesto en el pozo del cuartel para refrescarlas hasta mañana. Ha comprado 10 kilos de tomate que mañana temprano se los prepararé con atún. Yo le he dicho que no me parecen bien las bromas, a ver si a alguien le pasa algo, él se ríe anticipando los resultados.

Le he preguntado a Pepe qué tal les fue, estaba muy contento, dice que a la hora de la merienda llevó todo a la compañía y empezaron a darle como si fuera vino corriente desde las 6 de la tarde, con el calor de primeros de agosto, y al final se lio la traca, alguno salió a gatas y otros no llegaron a su casa. Él se fue controlando sin beber apanas y dice que se partió de risa viendo la película que se montó.

Hemos ido Luisa y yo a Madrid con los niños a comprar cosas para el estanco, nos acompaña para ayudarnos, mi amiga Remedios. Nos hemos hecho unas fotos.

A mi hermano Miguel lo están tratando los médicos, sigue estando muy flojo y no puede hacer esfuerzos. Está muy dolorido con todo lo que le hacen.

Como no puede cargar cajas, ni estar demasiado tiempo en el estanco, me ayuda con mi niña y la saca a pasear, le gusta trajearse, aunque solo salga un rato.

La niña está muy bien, se ha recuperado de la última operación y le gusta jugar en la plaza y pasear con su tío.

Mi madre se ha hecho esta foto con su cuñada Luisa y su hija Marisol, está fechada el 8 de marzo de 1946, a su lado está mi hermano con su inseparable Sagrario Domínguez.

No son buenos tiempos, pero sonreír no es pecado.

La ropa oscura sigue dominando nuestras vestimentas, el dolor, que no se va.

Los soportales de la plaza son un lugar adecuado para los encuentros familiares.

Foto familiar del 18 de marzo de 1946, en los soportales, la primera por la izquierda es Adela, que trabaja en la casa de Luisa, ayudándola porque está ya muy embarazada, estoy yo con Mari Carmen y José Miguel y a la derecha están Marisol, Justo Montes y Luisa Merino.

Miguel hizo esta foto, es el fotógrafo familiar, es una bonita ocupación.

Mi madre ha cumplido 53 años, suele estar en el estanco donde trabaja gran parte del día, tiene horario tanto de mañana como de tarde. Cuando voy a hacer mandados o tengo quehaceres en la casa, se queda con mis niños.

Mari Carmen ya tiene 3 años y es muy tranquila, José Miguel, aún no ha cumplido el año.

Mi madre les da cosas para pasar el rato. El otro día vi que les ponía unas perras en el mostrador para que jueguen, José Miguel las trinca con rapidez y no las soltaba, al insistirle, se divertía tirándolas con fuerza por el suelo. Mari Carmen las recogía y se las devolvía a la abuela diciéndole que ya no se las diera más.

Entre los 2 pueden pesar algo más de 20 kilos, son niños muy grandes, como toda la familia, no sé cómo mi madre puede.

Pasan mucho tiempo juntos, mi hija mayor siempre cuidando de su bebé grande, hace de tutora y maestra, tiene mucha paciencia con él.

En esta foto se ve como intenta mantenerlo para que de sus primeros pasos en los soportales.

Ha salido otro concurso de traslado en la guardia civil y Pepe, sigue con sus sueños, ha vuelto a solicitar plaza en la ciudad de Tetuán. Este hombre va a acabar conmigo.

Se me va, y no puedo hacer nada, le han comunicado por escrito que le han dado destino en Zeluán. El cree que es un error, no es la plaza que él había pedido, ha hablado con un amigo que lo conoce y dice que al menos se encuentra a unos 400 km de Tetuán. Le he convencido para que vaya al cuartel a reclamar.

Me ha dicho el suegro de mi hermana que Zeluán está junto a Melilla, que allí hubo una masacre cuando el Desastre de Annual, se convirtió en 1921 en un infierno para los soldados españoles que la protegieron. Ahora, en la alcazaba hay una prisión para los detenidos republicanos durante la guerra. Todo esto me está poniendo aún más nerviosa, ya no quiero saber más.

Pepe ha vuelto y no hay nada que hacer, se tiene que ir, él cree que alguien le ha querido fastidiar, pero solo me lo dice a mí, no quiere tener más problemas.

Hoy he acompañado a la estación del tren a Pepe, estamos a primeros de julio y hace mucho calor, pero he llevado a mis hijos, a ver si se lo pensaba mejor, pero ni por esas. Bueno, al menos sus caras las mantendrá frescas en su pensamiento. Hemos quedado en que me avisará cuando esté todo preparado para que vaya ella con los niños.

Ya partió el tren, me he quedado con el corazón en vilo, ¿por qué me hace estas cosas?, ¿qué necesidad hay de irse?, ¿no se da cuenta del dolor que tengo?, no lo puedo comprender. Aquí faltan muchas cosas, como en todos lados, pero no nos va mal y seguro que las cosa irán mejorando en adelante. A donde va, es el culo del mundo, allí seguro que nada va a encontrar.

Ha nacido la niña de Luisa el 7 de julio, nació en su casa de la calle Eugenio Pérez, la han llamado Manuela (Manolita la llama mi madre).

Estoy disfrutando mucho con mi nueva sobrina, he llevado a mis niños a conocer a su nueva primita. Mi madre también está muy contenta con su tercera nieta. La alegría de su llegada me alivia el corazón, pero la pena que tengo no se me va.

Estoy preparando algunas cosas que quiero llevarme cuando me llame, que allí no se si encontraré todo lo que necesito, estoy haciendo algunos bultos poco a poco, cuando me deja el estanco y los niños. No me gustaría irme ahora, mi madre y mi hermana aún me necesitan, y Miguel está convaleciente; allí, no sé qué voy a poder hacer. Me han dicho que hay muchos españoles y que entre ellos hablan en castellano, pero que tendré que aprender un poquito de francés y de árabe para entenderme mejor.

Peor no me pueden salir las cosas, el 17 de septiembre mi hijo se tiró una olla de leche hirviendo encima y perdió el conocimiento, se quemó la cara, los brazos y el pecho, lo llevamos al médico de la escolta, José Ibeas, le trataron las quemaduras con un ungüento que tenía un olor amargo muy fuerte y se las vendaron. Estuvo inconsciente todo el rato en una camilla. El médico me dijo que lo ve muy mal y que posiblemente no salga de esta.

Mi hermana fue a mandarle un telegrama a Pepe, en el que le dijo: “el niño se ha quemado, ponte en camino”.

Al principio mi niño no comía, se lo dije al médico y me recomendó que intentara darle cucharadas pequeñas de agua con bicarbonato, así lo he hecho y se le nota mejora, aunque perdió mucho peso y estaba muy demacrado, solo tiene 14 meses.

Le he dado una y mil vueltas al accidente, cómo pude no darme cuenta de que el niño se iba a ir directamente a la olla para tirar de ella. Mientras yo calentaba 2 litros y medio de leche en la chimenea con el trébede de 3 patas, él estaba jugando lejos de allí con una muñeca de su hermana, sentado en el suelo, cuando hirvió la saqué con unos paños para no quemarme y la puso en el poyete lateral que servía de asiento, lo busqué por si estuviera cerca, pero vi que seguía en el mismo sitio. Yo estuve pendiente todo el rato.

No sé cómo, pero en un instante de descuido, se había acercado a la olla y tiró de ella, echándose la leche encima. Me siento culpable y no puedo parar de llorar ¡Mi niño, qué dolor!

Ya lleva muy grave 2 semanas, las vendas se le pegan y cuando se las quitan se llevan tiras de piel, le han vuelto a echar el ungüento otra vez antes de cubrirlo nuevamente con vendas. El médico cree que está mucho mejor y que el peligro ahora es mucho menor.

Pepe no ha venido a Madrid para estar con su hijo y conmigo, lo he echado de menos.

Mi madre ha hablado conmigo y me ha dicho que yo me había quedado allí con mis 2 hijos y que mi marido se había ido y que no había vuelto estando su hijo a punto de morir, y me ha recomendado que debo irme ya con él si no quiero perderlo del todo. Yo no sé qué hacer y le dije que lo voy a pensar bien.

Mis primos me dicen que no me fuera tan lejos, que allí, cerca de la familia tenía mi vida y que me ayudarían en lo que pudieran, con mi hermana me fue muy difícil hablar, porque si ahora mismo lo tuviera delante, le daría unos buenos bofetones. Los niños le echan de menos, Mari Carmen me pregunta a veces, tiene ganas de verlo y yo también, a pesar de todo, le quiero como una tonta. No sé qué hacer.

He ido con mi amiga Remedios a ver al párroco, le he pedido que me aconseje, y él me ha dicho que si se pudiera arreglar la situación sería bueno, que lo intentara, y si no puede ser, que me vuelva. Qué fácil lo ve, y si después no puedo volver con los niños.

He decidido que voy a irme, debo intentar mantener a mi familia junta.

Mi madre me está ayudando a organizar el viaje lo antes posible. Me ha comprado los billetes de tren para llegar a Málaga y también del barco que me debe llevar a Melilla. He preparado las maletas y algunos bultos, mi madre me ha dado algunos muebles para que los lleve y me ha dejado dinero por si lo necesito, ya que Pepe me dijo que me lo enviaría cuando me fuera a ir y no me dejó nada.

El médico de la escolta me ha dado unas vendas y ungüento para el niño, me ha insistido en que si se producen infecciones en las heridas vaya inmediatamente al hospital. Luisa ha enviado un telegrama a Pepe para informarle de mi próxima llegada.

Mis hermanos y mis primos me han bajado las cosas que me llevo de una camioneta que se han buscado, las han facturado y las han dejado en el tren.

Miguel, con 19 años, me ha dado un abrazo llorando y también esta foto dedicada, para que no le olvidemos.

Mi hermana Luisa, mi madre y mis primos, todos hemos llorado conmigo. en la vía.

Me ha costado montarme en el tren, aún tengo dudas del futuro que me espera, mi niño aún está mal y mi niña, nada más subirse se puso a llorar, no quería irse del lado de su abuela.

Al final tuvo que bajarse y se ha quedado en Madrid con mi madre.

Hoy, 7 de octubre, inicio este viaje hacia África, alejándome de mi familia, con mi hijo aún grave en mis brazos y con muchas lágrimas en los ojos.

Me acompañan un colchón, un armario, un baúl y varias maletas y también muchas dudas e inseguridades.

Nadie podrá decir nunca que no lo he intentado.



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