… y de mis tío-abuelos
«Al recorrer nuestro pasado lejano, viajamos en busca de otras existencias, otros momentos, otros recorridos y formas de interpretar la realidad, con objeto de incorporar otras almas a nuestro pensamiento».
Francisco Manuel Fernández Merino – 21 de marzo de 2025

Os presento este pequeño relato sobre mis bisabuelos Juan Damián Gutiérrez Barajas y Antonia Victoria López Marina, que coincidieron y se enamoraron en el Pardo hace cerca de 140 años.
Lo cuento desde el día en que se casaron en el Pardo, en 1887, hasta el día de la muerte de mi bisabuela en 1939.
Cuando nacieron en 1864/5, sus padres vivían un período histórico lleno de cambios y tensiones bajo el reinado de Isabel II, acompañado de una crisis económica y también de una crisis de subsistencia, esta última provocada por las malas cosechas de los años 67 y 68.
La sociedad estaba dividida en clases muy diferenciadas. La nobleza y la alta burguesía controlaban gran parte de las riquezas, mientras que la mayoría de la población vivía en el campo en condiciones muy precarias y duras. Había escasez y carestía de los productos básicos como el pan. Los campesinos trabajaban en tierras de grandes propietarios y afrontaban la pobreza y la falta de oportunidades con mucho dolor y desgarro. Las manifestaciones para que bajaran los precios, sobre todo del pan se multiplicaban, viéndose muchas veces obligados a emigrar a localidades que podían ofrecerles nuevas oportunidades, que es lo que hicieron los padres de Damián y Victoria.
Creció el paro y los jornaleros recibían salarios insuficientes para cubrir sus necesidades básicas, lo que les mantenía en la precariedad.
El acceso a la educación era escaso, especialmente para las clases bajas y las mujeres. La Iglesia Católica tenía un papel importante en la vida cotidiana y en la educación, aunque comenzaba a enfrentarse a críticas y movimientos anticlericales.
El gobierno afrontaba críticas y descontento debido a la corrupción y la inestabilidad política, lo que provocó la Revolución militar de 1868, conocida como «La Gloriosa», que derrocaría y exiliaría a la reina, intentando establecer un régimen algo más democrático, primero en forma de monarquía parlamentaria con Amadeo I de Saboya y después en forma de república. Estos 2 primeros intentos serios, fracasaron.
Los países aprendían unos de otros generando una modernización y transformación económica, como la reforma monetaria de 1864 que introdujo el escudo de plata que intentaba sustituir al real, estableciendo una equivalencia de 10 reales por cada escudo. Este sistema estuvo vigente hasta 1868, siendo sustituido por la peseta, que equivalía a 4 reales de vellón, que se convierte en nuestra moneda oficial hasta el 28 de febrero de 2002 en que fue sustituida por el euro. Y os quiero contar una curiosidad sobre su nombre: peseta viene del «catalán» peceta, diminutivo de peça (pieza), por lo que equivaldría a piececita.
En esta época fue relevante la adopción del sistema métrico decimal (1), aquí se incorporó el 19 de julio de 1849, mediante la Ley de Pesas y Medidas. Sin embargo, su implementación fue un proceso que necesitó varias décadas. Durante muchos años, coexistieron en la práctica las unidades de este nuevo sistema con el anterior, y no fue nada fácil.
Como curiosidad, las unidades castellanas anteriores eran muy diversas: las de longitud tenían: la legua (20.000 pies), el estadal (12 pies), la braza (6 pies), la vara (3 pies), el pie y la pulgada (doceavo de pie),… la unidad básica en superficies era la fanega (región cuadrada con 24 estadales de lado),… Para capacidad con materias sólidas: se tenían el celemín, la fanega (12 celemines), el Cahiz (12 fanegas),… Para capacidad con materias líquidas: el moyo de 16 cántaras, la cántara o arroba, la media arroba, la cuartilla,… En medidas de peso: la arroba (25 libras), el quintal (4 arrobas o 100 libras), el marco (8 0nzas), la libra 16 onzas), la onza, … En cada región había variaciones y adaptaciones particulares.
Juan y Victoria recibieron formación en su uso, y seguro que ayudaron a algunos familiares a comprender y usar estas nuevas unidades de medida.
La electricidad llegó a Madrid en 1852, las primeras pruebas de iluminación se realizaron en la Plaza de la Armería del Palacio Real y en el Congreso de los Diputados. A las casas comenzó a llegar a final del siglo según se iba extendiendo la red eléctrica.
En este contexto nació mi bisabuelo y padre de mi abuela Paula, Juan Damián Gutiérrez Barajas el 6 de mayo de 1864 en el Real Sitio de El Pardo, donde vivían sus padres: Patricio Gutiérrez y Alejandra Barajas.
Fue bautizado por José Garrido, teniente cura, el día 8 en la Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción del Pardo. Su madre era de San Martín de Madrid, siendo sus abuelos paternos: Eugenio, natural de Vallecas y Juana Carrero, de Villaverde, y los maternos, Miguel, natural de Lillo y Micaela Serrano, de Getafe. Y sus padrinos: Damián Catalán, de Carcelín, provincia de Albacete y Tarsila Llopis, de Sueca, provincia de Valencia.
Mi bisabuela Antonia Victoria López Marina nació en el pueblo de Torre del Vulgo, actualmente Torre del Burgo, Guadalajara en torno a 1865. Allí empezó su vida junto a sus padres, Justo y Paula.
Como tengo poca información y solo algunos datos, y recordando los diarios de mi madre Carmen y de mi bisabuela Elena, voy a intentar ponerme en el lugar de mi bisabuela Victoria para intentar reconstruir sus pensamientos y sentimientos, a modo de diario. Se que es un atrevimiento dificultoso, pero creo que eso me facilitará el ponerme en su lugar:

Nos casamos en la Real Capilla de Nuestra Señora de la Concepción en el Pardo, el 19 de diciembre de 1887. Yo tenía 21 años y mi querido esposo 23. Fue un día muy frío y con mucho aire y humedad, pero no nos importó, porque nos acompañaba toda nuestra familia.
Vivimos en medio de un bosque en el monte al que el pueblo da su nombre, junto al río Manzanares, por lo que a veces soportamos su humedad y otras veces, la misma nos alivia del calor. En invierno, a veces nos rodea el aire frío que viene del norte o del oeste y durante el verano también sufrimos las emanaciones malignas de las aguas del río estancada. Pero vivimos cerca de la corte y aquí hay bastante trabajo.
La gente viene aquí cuando hay cacerías u otros acontecimientos, hay muchos. Se necesita echar una mano y esto nos proporciona los jornales que nos permiten ir tirando.
El Pueblo tiene varios palacios y 96 casas; 52 de ellas pertenecen a Patrimonio, y las restantes son de particulares; estas últimas, mezquinas y de miserable aspecto, pero nuestras familias lo sobrellevan bien.

Mi primer hijo, Patricio, nació a las 10 de la mañana del día 10 de octubre de 1888 en mi casa. Tuve mucho miedo, se mueren algunos niños al nacer, pero vinieron mi madre y mi suegra que me ayudaron mucho, lo pasé muy mal, supongo que como toda primeriza, pero cuando por fin salió y lo tuve en brazos, todo se me olvidó, ¡qué felicidad más grande! Lo bautizamos el 11 en la Real Capilla de Nuestra Señora de la Concepción.
Miguel Luis, nuestro segundo hijo, nació en nuestra vivienda de la calle de la Fuente Nueva, 2 – bajo, a las 2 menos cuarto de la madrugada del 21 de junio de 1890. Mi marido Damián tiene 26 años y es jornalero y yo uno menos. Sus 4 abuelos están muy contentos.

Murió mi queridísima madre a principios de otoño de 1892, se llamaba María Paula Marina Serrano y tenía 52 años. Que descanse en paz. Se enterró en el cementerio del Cristo.
Llegó mi primera hija, Paula Amalia, nació en nuestra vivienda de la calle Mira el Río, 9 – bajo, el 10 de julio de 1893 a las 9 y media de la mañana. Se bautizó el 17 en la misma capilla que sus hermanos. Lástima que mi madre Paula no pueda verla, estaría orgullosa de lo hermosa que es, la he echado mucho de menos estos meses. Fueron sus padrinos nuestros vecinos y amigos Ezequiel Hernández y su esposa Agustina Gómez.
Murió mi suegro Patricio Gutiérrez Carrero, el 12 de octubre de 1895, tenía 63 años. Se enterró en el cementerio del Cristo.
Mis hijos han empezado a ir a la escuela de niños del pueblo, por lo que puedo atender mejor a Paula y hacer las cosas de la casa, que son muchas.
Juan Francisco, mi cuarto hijo, nació en nuestra vivienda de la calle de la Fuente Nueva, 4, el 14 de febrero de 1896, a las 4 y media de la mañana.
Mi querido padre, Justo López Martínez murió a primeros de 1898, tenía 70 años. Que descanse en paz. Se enterró en el cementerio del Cristo.
Mi marido, Damián ha conseguido trabajar como guarda de los montes, como su padre. Estoy contenta, pero también tengo miedo cada vez que le veo salir con la escopeta al hombro, hay mucho furtivo por el monte. Lleva su chaqueta siempre muy limpia, y su trabajo me cuesta. Hemos tenido que alquilar una vivienda en la villa de Arroyomolinos, el trabajo es en esos montes.
Damián me ha comentado que se ha declarado la guerra entre nuestro país y los Estados Unidos de América y me he asustado, él me ha asegurado que es muy lejos, quieren apoderarse de Cuba, Puerto Rico y Filipinas y parece que está muriendo mucha gente.
Mi hijo Alejandro, nació en nuestra vivienda de Arroyomolinos el 26 de noviembre de 1898, a las 12 y media de la noche.
El 6 de mayo de 1899 se casó mi hermana Amparo, con 22 años, con Manuel Lozano Sebastián, de 25, en la capilla de Nuestra Señora de la Concepción por el cura Marcelino. La boda fue preciosa y el tiempo acompañó.
Volvieron a darle trabajo a Damián en El Pardo y nos vinimos. Paula ya está yendo al colegio de las monjas, estoy muy contenta, pero la echo de menos cuando va, me ayudaba mucho.
Mi sexto hijo nació en nuestro domicilio del Pardo el 30 de marzo de 1902, le llamamos Juan Damián, ha estado enfermo y débil, fue bautizado el 25 de abril.

El 15 de octubre llegó el primer tranvía hasta el Pardo, fui con mi hermana a ver su llegada, había mucha gente. A los pocos días hice un viaje con Damián a Madrid, me gustó mucho.
He tenido 6 hijos vivos en estos 15 años, una vida sin parar para una madre y una búsqueda de recursos interminable para su padre. Todos muy buenos y queridos. 5 chicos y una chica, una vida dura para ella, mi pequeña, rodeada todo el tiempo de sus hermanos, algo brutotes, siempre con bromas de machitos, menos mal que ella es fuerte y no se achanta.
Ella me ayuda un montón para llevar la casa, es lo que nos toca. Es difícil todo, ya que tenemos que ir todos los días con un cántaro a por agua a la fuente, cuando volvemos lo dejamos en la cantarera hasta que lo necesitamos. Vamos a la fuente que tengo más cerca de mi domicilio, pero hay otras 3 en el pueblo.
La ropa la lavamos en el río, las llevamos en cestos; Alguno de los chicos nos ayudan a llevar los bártulos que necesitamos. En verano bien, pero en invierno se nos ponen las manos moradas, a veces he tenido que romper la capa de hielo que se forma con el frío. Las mantas y la ropa de trabajo en el campo es lo que más nos cuesta lavar. Al terminar de enjuagar, retorcemos la ropa para quitar el agua y después la extendemos al sol, que la blanquea. La doblamos con mucho cuidado y de nuevo a las cestas, ya limpias. Cuando llegamos a casa tenemos que ponernos un buen rato en la mesa camilla, con el brasero para volver a entrar en calor, lo que alivia el dolor que me produce estos pesados sabañones que me aparecen por la humedad y el frío.
Cuando fregamos el suelo acabamos con las rodillas desechas de arrastrarlas por el suelo; y hacemos la comida en la chimenea; menos mal que mis chicos mayores nos traen la leña del monte y el cisco para el brasero.
Por las tardes, nos dedicamos a la costura, salimos a coser a la puerta de la calle donde hay más luz. Cosemos los pantalones de pana que se usan para ir al campo, remendamos las rodillas y las culeras del pantalón y después la entrepierna en la que ponemos trozos de tela, eran las partes que más se desgastan y rompen. Lo mismo hacemos con las sábanas echándoles los remiendos que necesiten, también los calzoncillos largos de lienzo y las camisas de sarga. Cuando se me hacen carreras en las medias, también las arreglo y las coso, tengo 2 pares de medias de algodón, una para las fiestas. Los calcetines de los niños se rompen sobre todo por los talones, para coserlos les meto un huevo de madera que compré en la ferretería.
Mi hija Paula se viene ya con nosotras muchos días para que le enseñe a hacer ganchillo, me está haciendo un paño para el mueble del comedor. Yo acabo de terminar un tapete para la mesa camilla. Además de coser, aprovechamos para contarnos lo que pasa en el pueblo.
En el pueblo hay mucho movimiento, el nuevo rey Alfonso ha cumplido 16 años y lo han coronado, pobrecillo lo que se le viene encima.
Llevamos unos días rezando por la salud del Papa; en la misa de hoy, 20 de julio de 1903, el cura nos ha dicho que León XIII ha muerto, hemos rezado por su alma.
En la misa de hoy el cura nos ha dicho que el 4 de agosto han elegido al Papa Pío X, hemos rezado para que le vaya bien.
Ha llegado la luz eléctrica a nuestro pueblo, la plaza se ve muy bonita e iluminada por la noche, el ayuntamiento ha hecho una pequeña fiesta. Ahora están haciendo instalaciones para que llegue a todas las casas, nos han dicho que tenemos que poner cables por el interior y comprar distintas cosas para poder tener luz dentro.
Estos días ha vuelto a haber mucho movimiento en el pueblo, ya que ayer 31 de mayo de 1906 se ha casado en la Basílica de San Jerónimo, el rey Alfonso XII con Doña Victoria Eugenia, descendiente de la reina Victoria de Inglaterra. Nos fuimos a Madrid en el tranvía, muy temprano para intentar verlos, pero como las calles estaban abarrotadas, lo vimos todo de lejos. Además, nos dimos un enorme susto, porque se escuchó un gran estruendo; nos han dicho que en la calle mayor lanzaron una bomba y que hubo muchos muertos. Decidimos volvernos para el pueblo.
Mi marido y uno de sus primos, han puesto unos cables y algunos dispositivos eléctricos en la casa, incluso por el techo; nos ha reunido a todos en la salita y nos ha explicado cómo utilizar el interruptor y como poner una bombilla, también nos ha enseñado un enchufe que dice que es para enchufar otras cosas. Se ha tenido que arrascar el bolsillo, porque todas esas cosas cuestan muchos cuartos, pero cuando lo ha encendido se le ha iluminado la cara con una sonrisa, me ha mirado y ha dicho con solemnidad: «creo que es una buena inversión». Nos ha recordado que la apaguemos cuando no la necesitemos porque cuesta su dinerito la luz. Desde luego, es un manitas.
Ayer, 18 de mayo de 1910, al anochecer, he estado con mis vecinos, buscado en el cielo al cometa Halley, que decía la gente que iba a pasar, lo hemos visto, se veía bien, pero está muy lejos, va dejando una cola por detrás, apenas se mueve. Nos habían dicho que la cola iba a chocar con nosotros y que podía dejar gases de cianuro, algunos se han comprado mascaras para protegerse, yo, aunque decía que no iba a pasar nada, tenía el corazón en un puño, ¡hoy la vida sigue como siempre! ¡Qué le gusta a algunos meterle miedo a la gente!
Están movilizando a reservistas para ir a la guerra de Marruecos, rezo para que no le toque a ningún familiar, las luchas siempre son inhumanas y traen desgracias.
Durante este verano de 1914, ha empezado una gran guerra en el centro de Europa, algunos países grandes están invadiendo a otros más chicos, y el resto está formando un bloque para luchar contra los invasores. Nuestro país se ha declarado neutral y parece que nuestros hombres no tendrán que ir a la guerra. Menos mal.
Mi queridísimo hijo mayor, Patricio, que trabajaba y vivía en los montes del Pardo murió a principios de este año 1915, tenía 27 años. Se enterró en el cementerio del Cristo. No lo he escrito hasta ahora porque he estado muy mala, ha sido un duro golpe para mí, menos mal que mi hija Paula ha tirado de la casa y de mis hijos.
Mi hija está saliendo con un chico. Ha estado preparando estos meses su ajuar, cosía dentro de casa para que no la vieran, se ha bordado los juegos de sábanas y la cortina para la cantarera de madera a punto de cruz. Aprendió a hacer puntillas de bolillo que ha colocado en los bordes de sus sábanas y toallas.

Se casó mi hija Paula con Miguel Merino Gutiérrez el 26 de junio de 1915. Celebró la ceremonia el cura, Don Ildefonso. Fueron testigos Tomás Perdiguero López, de Alcobendas e Ignacio Julio León Cendoya. Mi Paula tiene 22 años y él 18, es educado y un buen chico muy creyente.
Mi yerno estaba muy contento con la boda, pero a su vez, muy enfadado con su madre Elena que no le dio el dinero que necesitaba para comprarse unos zapatos nuevos.
Miguel, mi yerno se ha tenido que ir a hacer las milicias a Barcelona, donde hubo conflictos hace meses por las huelgas, allí va a tener que estar 3 años, mi hija se ha quedado a vivir en la casa de su suegra Elena y su cuñada Luisa.
Mi primer nieto, hijo de Paula, Manuel, ha nacido el 11 de septiembre de 1916 en casa de mi consuegra a la una y quince minutos de la mañana. Su padre, que tenía 19 años y al que habían dado permiso en su cuartel, lo inscribió en el registro civil.

Se bautizó el día 17 en la capilla de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción por el cura Faustino. Fueron sus padrinos: Alejandro Gutiérrez y Luisa Merino, sus tíos.
Una nueva boda nos ha dado algo más de alegría a la familia, se casó mi hijo Miguel Luis con Bernardina Reoyo Bravo, de las rozas, el 26 de octubre de 1916. Los casó el cura Don Marcelino. Él con 25 años y ella con 23. Se fueron a vivir al Patio de los 4 Caños, 2, principal.
Mi hijo Miguel empezó a trabajar como Guarda del Monte y se fue a vivir a la casa de Somontes en 1917.
Damián me ha dicho que, en un país muy lejano, Rusia, llevan unos años en guerra entre el Zar, que es como un emperador y los bolcheviques, que son revolucionarios y que por fin ha terminado la guerra, ha caído el imperio ruso y ha ganado la revolución, no sé si eso es bueno o malo, menos mal que ese país está muy lejos. Parece que en China ha pasado lo mismo. Aquí ha habido huelgas y conflictos, sobre todo, me dice Damián que en Cataluña, espero que no pase lo mismo.
Hoy ha llegado al Palacio un marqués montado en un coche con motor, sin animales que tiren de él, mi hijo Miguel ha venido a decírmelo y he ido con mis vecinas a verlo, hace mucho ruido, pero parece cómodo. Su conductor le ha dado a una manivela para ponerlo en marcha, y tras montarse todos, ha salido hacia Madrid.
El primer hijo de Miguel Luis, al que llamó como él, nació a las 6 de la mañana del 7 de octubre de 1917 en la casa de Somontes. Su padre tiene 27 años.
Hay una epidemia de Gripe que, según los periódicos, se está extendiendo por todo el mundo, nuestro pequeño hospital del pueblo está abarrotado, y está muriendo gente, nos vemos obligados a ponernos un pañuelo sobre la boca cuando estamos cerca de los demás y a no relacionarnos mucho con nuestros vecinos, tenemos mucho miedo.
La gran guerra europea parece ha terminado, menos mal, da miedo tan cerca; parece que ha sido la culpable de que los precios hayan subido tanto y de que los jornales sigan igual, ahora muchas cosas no las podemos comprar.
Murió por una bronconeumonía según el médico, mi queridísimo hijo Miguel Luis en El Pardo a las 8 de la mañana del 14 de febrero de 1919, tenía 28 años. Se lo llevó esta maldita epidemia. Era guarda del monte y vivía en la casa de Somontes. Se le enterró en el cementerio del Cristo. Su mujer Bernardina estaba embarazada y al tener que dejar la casa de Somontes, se fue a la casa de su padre en las Rozas.
Mi hija Paula le hizo esta foto a mi nieto mayor Manuel, para enviarle una copia a su padre a Barcelona. Está para comérselo, no puedo besuquearlo mucho estos días, pero así le tengo siempre a mi lado.

Mi nieta Luisa, la segunda hija de Paula, nació a las 5 y 30 minutos del 12 de mayo de 1919, el día de Santo Domingo de la Calzada, en casa de mi consuegra Elena. Se bautizó en la parroquia, como sus hermanos, por el cura Don Antonio. Fueron sus padrinos Luisa Merino Montero, su tía y su marido, Justo Montes Fernández. Su padre tiene 22 años y está en Barcelona, no pudo llegar, y su madre tiene 25.

La inscribió en el registro su abuela Elena Montero del Hoyo, que vivía cerca de mí, en la Plaza de la Constitución número 6.
Nació la segunda hija de Miguel Luis el día 13 de agosto de 1919 a las 9, en el pueblo de las Rozas, se llama Elena Montero Reoyo.
Mi yerno Miguel ha terminado la mili y ya está aquí, han arreglado la casa que le dejó su abuela Ángela del Hoyo López en la calle Nuestra Señora de Valverde, 61 de Fuencarral, y esta semana partieron con sus 2 hijos. Aunque me han prometido que vendrán muchas veces y estamos muy cerca, les voy a echar mucho de menos.
Según dicen los periódicos la epidemia de gripe se ha llevado cerca de 150.000 personas, en Madrid han muerto muchísimas.
La tercera hija de Paula, Carmen, nació el 18 de mayo de 1921, a la una y media de la mañana en su casa de Nuestra Señora de Valverde, 61. Su padre tiene 24 años y su madre 27.

Fue bautizada en la iglesia de San Miguel Arcángel. Mi vecino y farmacéutico José Beato Guerra dio la noticia en el boletín que hace y que llama «El Eco de El Pardo».

Mi nieto mayor Manuel ha hecho su primera comunión en mayo de 1923, en Fuencarral. Iba muy guapo.
Mi hijo Juan Francisco se ha casado con María de los Ángeles Lozano Carrero el 1 de octubre de 1923 en El Pardo. Se han ido a vivir a la calle de la Fuente Nueva, 2, bajo. Él tiene 27 años y trabaja de Guarda del Real Patrimonio. Ella tiene 23.

Nos hemos enterado de que el Rey ha cedido el poder al General Miguel Primo de Rivera que ha dado un golpe militar. Me dice Damián que hay mucho malestar en Madrid, aunque aquí está todo bastante tranquilo.
Mi hija me ha dicho que el Directorio Militar dirigido por Primo de Rivera está destituyendo a los gobernadores, alcaldes y concejales y los están reemplazando por militares; han detenido a algunos familiares de Miguel que eran concejales en Fuencarral, acusándoles falsamente de quedarse con dinero del ayuntamiento, los han llevado a la cárcel modelo de Madrid. El Rey ha apoyado al General, algunos vecinos creen que era necesario ya que había demasiadas huelgas e inestabilidad, otros creen que no ha sido buena idea y que al final esto le pasará factura al Rey, ya no van a confiar en él.
Nació el primer hijo de Juan Francisco, Luís, el 18 de agosto de 1924 a las 2 y quince minutos, fue bautizado el 31 por el cura Don Faustino. Fueron sus padrinos Damián Gutiérrez López y Eloísa Lozano Carrero, sus tíos. Juan tiene 28 años y Ángeles 25.
Mi hijo Alejandro se casó con Angelita Martín Argüelles, que es de Fuencarral, el 4 de julio de 1925. Los 2 tienen 28 años.
Se ha casado mi hijo Juan Damián con Vicenta Castro Cruz el 5 de noviembre de 1925 por Don Faustino. Ambos tenían 24 años. Se fueron a vivir a la calle Frailes, 7.
Nació la primera hija de Juan Damián, Victoria, el 20 de diciembre de 1925 a las 4, fue bautizada el 11 de enero por el cura Don Antonio. Fueron sus padrinos mis hijos Alejandro que vive en Arroyomolinos y Paula Gutiérrez López, sus tíos.
El cuarto hijo de Paula, Miguel, nació el 22 de diciembre de 1926, a las 10 en su casa de Nuestra Señora de Valverde, 61. Su padre tiene 29 años y trabajaba de mecánico y mi hija 33.


Mi yerno Miguel ha montado en Fuencarral una orquesta que toca en las procesiones y fiestas.
Mi nieto Manolo toca la trompeta, está muy gracioso con su uniforme, mi yerno me ha regalado esta foto.
Se lo toma muy en serio, lo hace bien.
Nació el segundo hijo de Juan Damián, Francisco, el 5 de junio de 1927 a las 5 en la calle Eugenio Pérez, 1 – principal.
Nació el primer hijo de Alejandro, Vicente, el 17 de diciembre de 1927 en su casa.
Nació el tercer hijo de Juan Damián, José, el 17 de enero de 1929 a las diez y nueve treinta en la calle Carboneros, 2, buhardilla.
Mi nieta Carmen, ha hecho la primera comunión en la iglesia del colegio Divina Pastora de las monjas, al que va. Su padre ha montado una empresa de alquiler de bicicletas. Dice Damián que es una persona muy emprendedora.
Nació mi nieta María del Pilar Amparo, hija de Juan Francisco, el 21 de agosto de 1929 a las 5 y treinta, en la casa del Torneo (actualmente parece que está en el fondo del pantano del Pardo). Fue bautizada el 31 por el cura Don Faustino. Son sus padrinos María Carrero Garrido y Luis Faraldo Palacios.
Carmen, hija de Alejandro, nació al finalizar el verano de 1929 en su casa.
Nació Félix, hijo de Juan Damián, el 6 de noviembre de 1930 a las 4, en su casa de la calle Carboneros, 2 – Buhardilla.
Damián ha recibido hoy 10 de noviembre la noticia de la muerte de un compañero guarda de los montes del Real Patrimonio de El Pardo, Victoriano Palacios, que tenía 50 años. Un furtivo le disparó con una escopeta de 2 cañones cuando éste le pilló cazando conejos; después se quitó la vida disparándose en la sien. Llevaba 25 años en el monte y vivía en la casa de Navechescas con su familia. Había sido Guarda a pie, guarda a caballo y ahora como celador de guardas.

Hemos quedado muy afectados, mi marido por su amistad y yo, por mi marido, siempre existirá este temor, él me dice que es inevitable con ese trabajo.
He estado en la tienda de ultramarinos para comprar pan, leche y aceite, los precios están disparados, no he podido comprar todo lo que necesitaba. Me ha contado el dependiente que se ha producido un crac, como una crisis en Estados Unidos y que ahora está empezando a contagiar a nuestra economía y muchos empresarios se están arruinando y sus empresas cerrando. Parece cierto, porque ahora hay muchas más dificultades para encontrar trabajo.
Hace unos días, el 14 de abril de 1931 se ha proclamado la segunda república. El rey Alfonso se fue en su coche hasta Cartagena y después a Francia, dicen que no quería provocar una guerra entre españoles.
En el pueblo hay opiniones de todos los gustos, los que están contentos con esta marcha y los que no, todos tenemos ahora dudas de cómo nos va a influir esto, ya que muchos trabajan en las actividades que aquí se hacen. El cura, en su sermón del domingo nos ha prevenido, dice que la democracia no trae nada bueno para nosotros ni para la monarquía.
Hoy he discutido con Damián, ha venido mi hija Paula desde Fuencarral con los niños y él ha aparecido muy tarde y con unas copas de más; no he podido contenerme y le he dicho: «anda borrachuelo, que has bebido», él ha insistido que no ha tomada nada, juntando mucho los dedos índice y corazón, decía: «una chispita así de chica, huéleme, huéleme». Yo después, me he arrepentido de echarle la bronca delante de todos, él no sabía que los niños iban a venir.
Mi nieto Luis se ha llevado a sus primos de Fuencarral de paseo con el caballo, por el camino del río, han venido todos emocionados por la experiencia.
Nació Manuel, hijo de Juan Damián, el 7 de abril de 1933 a la una, en la casa del Torneo. Fue bautizado el 31 por el cura Don Faustino. Han sido sus padrinos María Carrero Garrido y Luis Faraldo Palacios.
Mi nieto Miguelín ha hecho su primera comunión este mayo. Tiene carita de bueno y es muy formalito.

El 19 de noviembre de 1933 pude votar por primera vez, es un lío esto de votar, menos mal que Damián me fue diciendo lo que teníamos que hacer, voté lo mismo que él. Mis hijos aún no pueden votar, son todos muy chicos, votarán cuando cumplan 23.
Nació Micaela, hija de Juan Damián, el 18 de diciembre de 1934 a las 4 de la tarde, en la casa del Torneo.

Mi nieta Carmen tiene el paludismo, está bastante afectada, apenas se puede mantener en pie. Paula está muy preocupada, está siendo una enfermedad larga, aunque parece que mejora muy poco a poco. Qué de enfermedades se cogen en estos años, le ha dicho el médico a mi hija Paula que debe de comer mejor para que su cuerpo se defienda mejor de ellas. Ella come bien, pero es que a veces no nos da para más el jornal.
Mi marido Damián está ordenando nuestros papeles en casa y se ha dado cuenta de que nuestro casamiento no está inscrito en el ayuntamiento por lo que lo ha comunicado al mismo y se inscribió el 2 de julio de 1935.
Estos tiempos están siendo muy complicados, tenemos mucho miedo, además de hambre, han detenido a varios amigos y vecinos, y también algún cura y fraile, vemos mucha gente armada. Son situaciones en las que no sabemos que hacer, cuando te cruzas con alguien, dudas de si es un amigo que te aprecia o un enemigo que quiere que te detengan.
Mi queridísimo esposo Damián, falleció el 29 de marzo de 1936 a las 10 de la mañana, en nuestra casa del Patio de los cuatro caños, 2, principal. Tenía 73 años, ya no tenía fuerzas para seguir viviendo con todo lo que está pasando.
Mi hijo Francisco me ha llevado a vivir a su casa porque estoy algo débil.
Mi nieta Carmen, que ha ido todos estos años al colegio de las monjas Divina Pastora de Fuencarral, ha terminado la enseñanza básica y lo ha dejado.
El día 18 de julio, se convocó una huelga general contra la sublevación militar contra la República que se ha producido en el Protectorado Español de Marruecos. Miguel que trabaja de chófer de un empresario de jabones de Fuencarral, acordó con su jefe el no ir al trabajo, porque pensaban que podían aparecer problemas. Mi hija Paula, su marido y sus 4 hijos se vinieron dando un paseo desde Fuencarral.
Después de comer, escuchamos el ruido de un avión que se acercaba, Miguel salió a la plaza y le han detenido; lo tienen en la cárcel del pueblo.
Han llevado a mi yerno Miguel a la cárcel Modelo, en Argüelles. Está escribiendo cartas todos los días a mi hija, que no para de llorar, tiene mucho miedo; dice que está con algunos frailes en una celda, y que rezan mucho para que todo esto acabe pronto. Ella le escribe, aunque Damián le ha dicho que tenga cuidado con lo que le pone, no le vaya a perjudicar aún más a él o a ella.
El 7 de septiembre murió José Gutiérrez Barajas, hermano de mi marido, era 8 años más joven que él.
El 10 de septiembre le dijeron a mi hija Paula que habían disparado a su marido en el kilómetro 10 de la carretera de Francia, ella fue allí con otros familiares y lo encontró, le han dicho que lo mataron el 9 a la una de la madrugada. Se llamaba Miguel Merino Montero y era buena persona. Está enterrado en el cementerio de Fuencarral. Mi hija y mis nietos están destrozados.
Nos han contado, que a Miguel le soltaron junto a sus compañeros, pero que, al sacarlo de la cárcel, estaban unos milicianos esperándolos con un camión y les obligaron a montarse y se los llevaron, y que ellos fueron los que le dispararon.

Me ha dicho una prima de mi marido que el otro día se encontró en su casa a mi nieto Manuel detrás de una puerta, que le preguntó que hacía allí, y él gritó llorando, yo soy el siguiente, yo soy el siguiente. Se me parte el corazón, solo tiene 20 años.
Hace unos días, vinieron para decirle que tenía que ir a ayudar a cavar trincheras en el frente, y eso está haciendo todos los días.
El 25 de octubre han matado a mi nieto Manuel. Nos han dicho que se lo llevaron de la trinchera para entregarle un papel. Apareció asesinado a tiros en el kilómetro 3 de la carretera de Fuencarral.
Mi hijo Juan Francisco ha convencido a mi hija de que se queden aquí, escondidas con nosotros, ella tiene 43 años y está destrozada y sus 3 hijos son aún muy jóvenes: Luisa de 17, Carmen de 15 y Miguel de 10; se quedaron con nosotros en una habitación en nuestra casa de la calle Mira el Río, 9.
El 14 de julio de 1937 murió mi nuera Angelita Martín Argüelles, mujer de Chano, estaba próxima a cumplir los 40 años, pero una enfermedad se la llevó.
Los 2 hijos de Chano han muerto este diciembre de 1938, enfermaron de tifus y no pudimos hacer nada por ellos, mi nieto Vicente el día 11 e iba a cumplir 11 años y Carmen el día 17, tenía 9 años. Un gran revés para toda mi familia. Mi hijo ha quedado destrozado y solo, ha perdido mujer e hijos en poco más de un año.
Estos últimos años la vida nos ha atropellado, ha sido muy difícil tirar para adelante, pero me he dado cuenta de que en todas las familias siempre hay alguien potente que levanta a los demás y generan ganas de vivir. Estos últimos meses he visto a mi nieta Luisa tirando de su madre y de su familia, con mucha fuerza, y eso me da esperanza, mis hijos hacen lo mismo unos con otros. Para sobrevivir mis nietas están lavando ropa de los soldados gran parte del día, y también preparan algunas comidas que les venden.
Lo estamos pasando ciertamente mal, muy mal, esta guerra, la incertidumbre, el miedo, el hambre y la enfermedad están siendo nuestros compañeros de viaje y yo estoy muy cansada, echo de menos a Damián. He tenido 16 nietos vivos, 9 chicos y 7 chicas; 3 han muerto antes que yo, lo que me produce mucho dolor y es injusto, no quiero ver morir a ninguno más y rezo mucho por ello.

Me contaba mi madre, Carmen, que algún día se iban al monte y se llevaban a Victoria; como no podía estar mucho de pie, cargaban con una silla, donde se sentaba a cada descansillo que hacían.
Uno de esos días, parece que apareció a lo lejos un avión a ras del suelo; sin pensarlo dos veces, cargando a la abuela en la silla, salieron corriendo, fueron dando tumbos, hasta que cayeron por un terraplén aterrizando en unas chumberas.
El avión pasó y el alivio volvió, volvieron riéndose de la escena ridícula vivida y con algunos pinchos que fueron quitándose por el camino.
Murió Antonia Victoria en el Pardo, antes de finalizar la guerra, el 27 de febrero de 1939, tenía 74 años, con su muerte se cierra esta historia de los Gutiérrez López que duró algo más de 51 años.
Murieron dos «supervivientes», Damián y Victoria, pero al resto de sus descendientes, nos dejaron en sus genes el testigo de la «resiliencia», solo tendremos que buscarla en nosotros mismos y sacarla a relucir.


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