Pasoslargos

Caminando y descubriendo nuestro pasado tirando de hilos llenos de colores


«Gemelos asíncronos»

«Desde que recuerdo, tengo la sensación de que somos gemelos. A veces, como si fuéramos siameses, siento donde o cómo estás. Otras veces siento que me falta algo».

Cuando hice algunas prácticas en 2º de magisterio en Córdoba, con niños en clase de matemáticas, el profesor nos grabó sin que nos diéramos cuenta. Un día, ya en nuestra clase, nos proyectó un vídeo sin decirnos de cuándo y dónde era, yo, que estaba hablando distraído, cuando miré a la pantalla, te vi allí, rodeado de niños y de mesas. Mi pensamiento, confundido por la situación, no entendía qué hacías tú en el vídeo de mi profesor, no comprendía qué hacías tú en Córdoba y con esos niños, tardé en reaccionar. Lo hice cuando mi compañero Juan Salazar me comentó: «pareces un gigante entre los niños».

Entonces comprendí perfectamente lo que les pasa a muchas de nuestras amistades, cuando nos confunden en la calle al encontrarse con el que no es de nosotros dos.

Desde pequeños nos hemos parecido mucho. En esta foto, durante mucho tiempo, creí que estabas tú con nuestro abuelo José, de 80 años. Al sacarla del álbum de nuestra madre para digitalizarla, observé la fecha de impresión detrás: 6 de abril de 1956, era yo con 15 meses, tú no habías nacido. Pero bien podría ser tu foto de 15 meses.

La familia en mayo de 1957. Nuestros padres, con 39 y 36 años, Mari Carmen con 14, José Miguel con 11 nos acompañan. Las fotos de toda la familia eran necesarias para Carmen, se las enviaba a la Abuela Paula.

En esta foto, que podría ser de 1958, estamos con un vecino y su hijita, seguramente en el entorno de nuestro piso de la calle Candil del Barrio Málaga de Tetuán.

«Aunque de chico, yo fuera más gordito que tú y sentados pareciésemos de la misma edad, solo hay que mirar las fotos en las que estamos de pie para salir del error, para ver que no era así. Pero yo no miraba eso».

Nuestra incorporación al colegio. Tal vez las únicas horas del día en que estábamos separados en 2 clases diferentes.

Nuestra madre empezó a vestirnos igual, de vez en cuando alguien decía: «los repetios». La verdad es que la pequeña diferencia de edad ha facilitado un ver y compartir la vida con pensamientos bastante similares.

Los «gemelos» escoltan a su hermana pequeña en diciembre de 1959. Juntos no parecíamos tan iguales.

Compartíamos muchas horas jugando en casa, apenas salíamos a la calle.

Dos cromos siempre participando conjuntamente en todas las situaciones que se nos iban presentando, como mi comunión o ir a conocer a los Reyes Magos en El Pardo.

Compartíamos los paseos, los «bocaos» a los bocatas en tu cumpleaños, …, muchas experiencias juntos.

«No recuerdo nada de cuando, de chicos, estuvimos un curso separados. Me duele pensar como me sentiría sin mi gemelo».

Yo no sé la razón, pero estuve ese curso en el Pardo, en casa de la tía Luisa, que me acogió.

Cuando volví, volvimos a nuestras rutinas, como si nada. Compartiendo momentos con nuestras amigas y amigos.

También compartimos momentos y situaciones complicadas que se vivían en Tetuán (Manifestaciones, hambre), previos a la guerra de los 6 días a finales de 1966 y entrando en el nuevo año.

En el colegio, cada uno tenía sus grupos, pero fuera del colegio, compartíamos las mismas y pocas amistades que nos permitía la situación. En esta época vivíamos en la calle Mohamed V, 47.

En 1967 nos fuimos a Ceuta, un enorme reseteo en nuestras vidas. Compartimos litera, compartimos trabajos y esfuerzos en los camiones, con las mudanzas, en la limpieza de chacinas y quesos, traslado de cajas con productos de todo tipo y en el bazar, cargando, colocando y vendiendo. Compartíamos vecinos, no nos daba el día para adquirir nuevas amistadas.

Empezamos a competir los dos en muchos ámbitos: en el trabajo, en las actividades físicas y en el deporte. Competimos en el parchís; en el pasillo de nuestra casa de Francisco de Ribalta, 9, con el salto de longitud; en nuestra litera saltando altura; en el patio del colegio con el salto de altura y el balonmano; en la playa, con las peleas a ver quién sumergía al otro antes. Incluso nos fabricamos guantes de boxeo para boxear en nuestra habitación, o las competiciones que hacíamos con aquella bala de cañón hueca que Jose Miguel nos rellenó de plomo y con la que repetíamos movimientos de todo tipo para demostrarnos quien era el más rápido moviéndola.

Nos inventábamos competiciones en todas las horas que estábamos juntos y en todas las actividades que hacíamos. Nos construimos «muy competitivos». Y un aspecto muy importante, nos divertíamos con casi todo lo que hacíamos, ya fuera jugar, subir muebles a una décima planta por la escalera o mover cajas de queso de bola.

Empezamos a viajar por toda España con los camiones durante el verano, turnándonos, tú en unos viajes y yo en otros. Era un trabajo realmente muy duro para lo chico que éramos, cientos de kilómetros, en unas condiciones de mínimos y en un contexto tremendamente machista. Tuvimos que aguantar muchísimas cosas, pero, creo que ambos supimos sobrellevarlo. ¡Qué remedio! Nos construimos «muy resistentes y resilientes».

Las diferentes clases y niveles nos fueron diferenciando, a ti empezó a irte bien en los estudios y pusiste el acento en ello, a mí no me motivaban muchas clases y me centré en el dibujo, las ciencias y el deporte, también me gustaba ver y leer los libros de arte y las revistas de historia de Mari Carmen. Éramos potencialmente iguales, pero empezamos a diferenciarnos en nuestros gustos y objetivos.

En 1972 me fui a estudiar a Sevilla y nos distanciamos, pero en las estancias en Ceuta coincidíamos y compartíamos nuevamente actividades y trabajo, sobre todo en el verano.

Tú te viniste en enero de 1974, ese curso tan raro, compartimos residencia de estudiantes militar, luego piso, pero en nuestras vacaciones volvíamos a compartir familia y Ceuta. No realizábamos apenas actividades comunes en Sevilla, cada uno con sus estudios, yo con mis competiciones deportivas, solo alternábamos ambos en algunos momentos con nuestros compañeros Benjamín, Paco, ….

Hasta que empecé a trabajar en el Colegio Buen Pastor en 1978 durante todo el año, incluido los veranos de piscina. Entonces, apenas nos veíamos, tan solo en nuestros pisos de Júpiter, de López de Legazpi o de León XIII.

La vida fue transcurriendo.

Entonces tú te fuiste a Madrid a hacer la mili y yo, algo más tarde, me emparejé y me fui a vivir a Córdoba, dejando de ir a Ceuta. Nuestro común amigo Benjamín Gutiérrez, me ayudó a llevar mis cosas a mi nuevo destino. Fue tal vez nuestro momento de más distanciamiento.

No obstante, fue gracias al envío de tu telegrama para ir urgentemente a Ceuta a aceptar que me tocara excedente de cupo, por lo que yo no tuve que hacer la mili, y eso te lo deberé siempre. Ese fue un ejemplo de que nos tenemos en mente, siempre pensando el uno en el otro.

«Hace solo menos de un año que soy consciente que no somos gemelos, que tienes más recuerdos que yo, en parte porque tienes un año más de recuerdos y, sobre todo, que vivías las situaciones con un año más de experiencia».

La vida nos ha ido bien a los 2, ambos hemos realizado muchas y buenas cosas, y ambos estamos rodeados de muchas buenas gentes.

Yo, cumplidos los 70, soy consciente de que compartimos el 100% de nuestros genes, nuestra familia, muchas, muchas vivencias en común, muchas competencias y habilidades personales, laborales y sociales, y aunque en mi vida haya encontrado muchas almas gemelas y una pareja maravillosa y eterna, sé con certeza que tengo un único gemelo asimétrico, que cuando realmente lo necesité, ahí estuvo y ahí volverá a estar si fuera preciso.



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